Los 31 trenes de Cantabria y Asturias que no cabían por los túneles: una "falta de diligencia" que ya supera los 200 millones
Fueron diseñados con unas dimensiones incompatibles con la infraestructura. El escándalo estalló en 2023. El Tribunal de Cuentas destapó fallos de coordinación y una "falta de diligencia" por parte de Renfe
Eran los trenes que iban a jubilar una flota envejecida y modernizar las Cercanías de Cantabria y Asturias . Pero un error hizo descarrilar las expectativas: las unidades no cabían por algunos de los túneles por los que debían circular. Bueno, de caber, cabían. Pero los trenes fueron diseñados con unas dimensiones que no se ajustaban ni a la normativa ni a las condiciones reales de la infraestructura . Con esa realidad chocaron en la fase de diseño, antes de que se fabricaran. A principios de febrero de 2023, Renfe admitió que los 31 trenes encargados a CAF no podrían entregarse en plazo. La noticia abrió telediarios y ocupó las portadas de los periódicos. El entonces presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla , lo resumió en dos palabras: "Chapuza monumental" .
En 2020, Renfe puso en marcha el proyecto. La compañía adjudicó a la guipuzcoana CAF la fabricación de 31 trenes -21 para Cantabria y 10 para Asturias- por 162,2 millones de euros , con un plazo contractual que situaba la entrega de las primeras unidades en octubre de 2024. El encargo pretendía sustituir parte de los trenes heredados de FEVE -la antigua compañía pública de ferrocarriles de vía estrecha, integrada en Renfe y Adif en 2013- y mejorar unas conexiones ferroviarias que arrastraban décadas de antigüedad.
El problema que estalló después no estaba en el ancho de la vía. Los trenes estaban diseñados para circular por una red de ancho métrico. Pero el gran error estaba en el gálibo , el espacio máximo que puede ocupar un vehículo sin invadir las zonas de seguridad de la infraestructura. En un túnel no basta con medir la distancia entre las paredes y el techo. Hay que dejar margen para andenes, postes, catenaria, instalaciones, elementos de señalización y otros obstáculos, además de tener en cuenta las curvas, las irregularidades de la vía y los posibles movimientos del propio tren. Determinar el gálibo, por tanto, exige comprobar cuánto espacio queda realmente libre para que un tren pueda atravesarlo con seguridad.
En 2023, a falta de trenes, se entregaron excusas. Las culpas comenzaron a repartirse. El relato oficial de entonces hablaba de un error de Adif en la interpretación de los gálibos y de las particularidades de la infraestructura heredada de FEVE. CAF aparecía como la empresa fabricante que había detectado el problema. El foco político se puso especialmente sobre Adif. De hecho, en febrero de 2023, Adif cesó "como medida preventiva" a su jefe de Inspección y Tecnología de Vía. Renfe, por su parte, cesó al gerente del proyecto.
Una auditoría encargada por el Ministerio de Transportes arrojó, en marzo de 2024, una imagen más compleja. El problema no había sido responsabilidad exclusiva de Adif. El origen estaba en unos pliegos publicados por Renfe que contenían información errónea sobre las dimensiones de los trenes.
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