Pensábamos que el mejor ejercicio a los 60 años era caminar. La ciencia apunta a la piscina como el "blindaje" definitivo
Cuando comenzamos a hacernos mayores, hay una recomendación que comienza a generar mucho protagonismo, que es la necesidad de mantenerse activo.
Sin embargo, el desgaste articular, el miedo a las caídas o la pérdida de masa muscular suelen complicar la elección del deporte ideal.
Y es aquí donde la piscina emerge no como una alternativa más, sino como el entorno biomecánico perfecto.
Cada vez más importancia.
Durante los últimos años, la ciencia ha dedicado un buen espacio para analizar los efectos que tiene la natación en nuestro organismo.
Y el veredicto es que nadar o hacer gimnasia en el agua a partir de los 60 años produce una transformación integral que abarca desde la musculatura hasta el cerebro.
Es un blindaje.
Cuando nos sumergimos en el agua, la flotabilidad reduce drásticamente el impacto en las articulaciones, lo que convierte a la piscina en un santuario para personas con artritis o limitaciones musculoesqueléticas.
Pero que el agua sea amable no significa que no sea exigente.
En este caso, un análisis publicado en 2026 analizó a más de 1.100 adultos mayores y demostró que el ejercicio acuático mejora de forma integral la función física .
Además, la resistencia natural del agua actúa como una máquina de pesas fluida, logrando aumentos significativos en la fuerza tanto del tren inferior como del superior.
Algo que es fundamental para evitar el riesgo de caídas y una ganancia de flexibilidad que es fundamental para cuando nos hacemos mayores.
En Xataka Nadar está bien.
Yo lo hago con unos cascos de conducción ósea y la experiencia es sencillamente fantástica Corazón de atleta.
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