Crítica de 'Las ciegas hormigas' (**): Cuando el oro negro era el carbón
Drama rural, oscuro, nocturno, húmedo, miserable y que narra unos hechos en un pueblo de Vizcaya hace más o menos un siglo, cuando los inviernos eran una tortura de lluvia y frío y el carbón o la madera no estaban al alcance de las gentes.
Comienza la historia con un barco inglés que encalla por el temporal en su costa, cargado con toneladas de carbón, y los vecinos pretenden llevarse el carbón que puedan a sus casas, aunque la policía local está preparada para requisárselo.El protagonista es Sabas Jauregui, un hombre tosco, endurecido y dispuesto a todo para sacar el carbón y burlar los controles policiales.
La primera parte de la película muestra el carácter de Sabas y las condiciones de su familia, y unas largas secuencias de lluvia torrencial, noche oscura, peligro y ansia de carbón; aunque filmada con agitación y tensión, se hace larga hasta que llega la segunda parte, más pausada, trágica, de intriga, dudas morales y crítica social.El que lleva el peso tanto de la intriga como de las dudas morales, Sabas Jauregui, está interpretado con mucho pedernal por Urko Olazábal , con perfil de wéstern y actitud hosca y dolorida.
Su contrapunto, su mujer, lo interpreta Itziar Ituño, también con un punto de wéstern pero con caída al drama seco.
Y el tercer personaje crucial en la historia lo interpreta Carlos Santos, el brazo de la ley, y hombre sereno, sutil y servil.'Las ciegas hormigas' , que tiene fáciles segundas lecturas, funciona bien como película de tiempos y comportamientos sucios, y tiene una ambientación y un carácter visual de acuerdo con ello.
No es arrebatadora ni fascinante, pero su director, Igor Legarreta, le procura un ritmo progresivo y un interés creciente.
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