Miedo a gobernar
En los años cincuenta del siglo pasado, durante el proceso de descolonización, Allal al-Fassi fundó en Marruecos el partido Istiqlal, según el cual las fronteras heredadas de Francia y España habían fragmentado lo que llamó el Gran Marruecos, una comunidad que incluía todo el Sáhara Occidental, Mauritania, algunas zonas occidentales de Argelia y otras del norte de Mali y las plazas de soberanía española del norte de África.
Conseguida la independencia de Marruecos en 1956, el Gran Marruecos formó parte de sus reivindicaciones.Aquellas reclamaciones originales fueron reduciéndose por la lógica diplomática y la realidad política e histórica.
En 1969 Marruecos reconoció la independencia de Mauritania y en 1972 firmó una convención con Argelia delimitando la frontera común entre ambos países.
Por otra parte, mientras el Sáhara Occidental está en la lista de territorios pendientes de descolonización de las Naciones Unidas, las plazas españolas del norte de África forman parte de nuestro sistema constitucional, con un indudable peso político a nivel internacional y con una solidez histórica indiscutible.La Marcha Verde durante la agonía de Franco no consiguió doblegar la voluntad política del Estado español de dar cumplimiento al referéndum de autodeterminación aprobado por la ONU para la descolonización del Sáhara.
Dicho compromiso, mantenido por los gobiernos de la democracia, ha sido burlado unilateralmente por Pedro Sánchez, en una decisión que deberá ser analizada con detenimiento y exigencia de las posibles responsabilidades por pactos ocultos.Un gobernante que representa dignamente a una nación debe tener el pudor, la decencia y el decoro suficiente para que nadie se tome a broma el respeto debido a la independencia y soberanía de su patria.
Sánchez no está a la altura que tal cometido reclama.
Rendido al sultán, es incapaz de sostener el principio de autoridad para que su país sea respetado en sus relaciones internacionales.
La teoría del Gran Marruecos no se sostiene en el ámbito geopolítico del mundo moderno.
Hasta Mauritania, libre e independiente, hizo saber al sultán que los vínculos de obediencia tribal y religiosa no suponían la dependencia de la soberanía marroquí, algo que ratificó la Corte Internacional de Justicia en 1975.Que todavía tengamos un Gobierno sumiso y mudo ante las continuas referencias a Ceuta y Melilla es inaceptable porque mucho antes de que existiera el Estado de Marruecos, Ceuta y Melilla ya eran españolas.
Asustado con la invasión de 2021, Sánchez es incapaz de hacer valer la dignidad de una nación asaltada en 2026 con la complicidad, activa o pasiva, de su vecino del sur.
Disfrazar un atentado a la integridad territorial con un problema humanitario es la salida fácil de quien tiene miedo de asumir su responsabilidad.
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