El pueblo andaluz donde miles de personas siguen viviendo dentro de una montaña
Es probable que los trogloditas no supieran nada de cimentación ni de encofrado, pero sí que comprobaron que vivir en cuevas era una buena idea para guarecerse del frío y del calor.
Miles de años más tarde, otros pueblos los imitaron, pero en lugar de habitar en oquedades naturales, descubrieron que hay superficies permeables y se aprovecharon de eso.
En la provincia de Granada hay muchos ejemplos de eso.
Ya en la época de romanos había casas-cueva, siguieron haciéndose en los tiempos de los musulmanes y la costumbre de horadar paredes arcillosas para convertir el interior en un hogar se ha mantenido hasta ahora.
Guadix es el caso más claro: existen hasta dos mil viviendas de ese tipo en el que, para no complicarse mucho las cosas, alguien bautizó como el Barrio de las Cuevas.
En muchas de ellas hay familias que han vivido durante generaciones, otras son más nuevas y también más cómodas, porque vivir como un troglodita es sólo una expresión: no hay motivo para renunciar al confort.
En el siglo XV, cuando empezaron a proliferar en Guadix y en poblaciones de su comarca, no se medía la temperatura como ahora, pero no había que ser muy avispado para comprobar que dentro de las cuevas era estable, que no variaba.
Y eso debió ser un descubrimiento tan importante y una sensación tan agradable como la que debieron experimentar los prehistóricos al percatarse que en el interior de la tierra estaban protegidos de los depredadores.
Esa constatación, la de la ausencia de diferencia entre el verano y el invierno dentro de una casa-cueva, es ahora una baza para que se hayan convertido en un reclamo turístico de primer orden en una zona que ya tenía de por sí bastante que ofrecer: unos paisajes extraordinarios (Guadix está integrada en el Geoparque, un lugar único ), patrimonio, cultura, historia, gastronomía o la tranquilidad que ya no se encuentra en los destinos tradicionales, demasiado gastados por el turismo masivo.Una sección del barrio, vista desde la imponente Alcazaba G.
OrtegaDesde fuera, nunca mejor dicho, algunos dicen que en las casas-cueva debe respirarse un aire viciado, que seguramente, al cabo de un rato, producen claustrofobia, que olerán mucho a humedad o que echarán de menos no ver una calle desde una ventana.
Argumentos todos que se pueden desmontar con uno solo: si tan mal se estuviera allí dentro, los vecinos que llevan ahí toda la vida ya las habrían dejado abandonadas, que para sufrir siempre hay tiempo.
Aparte de que hay casas-cueva para todos los gustos y que las más lujosas disponen de jacuzzi, piscina exterior y otro tipo de lujos, lo cierto es que todas disponen de sistema de ventilación porque es lo lógico.
Lógico y natural, se podría añadir, porque el proceso consiste en aprovechar la física del aire.
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