A la espera de los bárbaros
La civilización occidental está gravemente amenazada tanto desde el exterior como desde el interior.
Pero, ¿qué es la civilización occidental? Para resumir, y sin entrar en un discurso filosófico, lo que nos distingue son dos fundamentos sencillos, fruto de un largo recorrido histórico.
El primer pilar tiene que ver con nuestro espíritu crítico: nos permite distinguir lo verdadero de lo falso, lo real de lo virtual, lo realista de lo místico.
Se supone que nuestros hijos aprenden esta distinción (desconocida en el mundo chino o islámico) desde la escuela.
Este espíritu crítico debería acompañarlos a lo largo de toda su vida, personal y colectiva.
El segundo pilar de nuestra civilización es que existen normas y leyes, fruto de la experiencia de las naciones y expresión de la democracia.Si ya no se distingue lo verdadero de lo falso y se tiran las leyes a la basura, lo que se rechaza es la civilización occidental en su conjunto.
El primer rechazo proviene, evidentemente, del exterior: China no reconoce nuestras leyes, que tilda de imperialistas para favorecer sus intereses económicos. ¿Y la Rusia de Putin ? Desprecia toda distinción entre lo verdadero y lo falso, libra una guerra a la que llama paz o se reivindica como Cristo cuando en realidad encarna al Anticristo.
Estos peligros externos son conocidos: no hace falta insistir.
No obstante, nos preocupa que estos enemigos encuentren entre nosotros cómplices por razones oscuras que desconocemos y que esperamos que sean remuneradas.
No veo otra excusa que la corrupción para esta traición.Prefiero hacer hincapié en los peligros que provienen del propio interior de nuestras sociedades: la distinción entre lo verdadero y lo falso ha perdido toda importancia a través del prisma de las redes sociales, cuando los 'influencers' se hacen pasar por periodistas.
Y lo que es peor, algunos dirigentes occidentales, siguiendo el ejemplo de Donald Trump, también han decidido que lo falso es verdad, que lo científico no lo es y que todo es lo contrario de lo que parece.
Acabamos de tener una buena demostración tras la invasión de Ceuta , que Pedro Sánchez atribuyó a una conspiración ruso-israelí, un disparate sin pruebas, mientras que las pruebas indiscutibles apuntan a Marruecos como responsable de esta operación de desestabilización de España.
Pedro Sánchez, por supuesto, es un enano en materia de confusión si lo comparamos con Donald Trump, que pretende haber ganado la guerra contra Irán cuando, por el momento, la ha perdido.
Esto es de sobra conocido, pero se acepta a la ligera, como si en el fondo estas declaraciones carecieran de importancia y bastara con esperar a que Trump o Sánchez se largaran.
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