Victoria Luengo, actriz: "Supongo que habrá algún director de cine con una masculinidad ante la que hay que estar alerta, aunque yo, por suerte, no lo he visto"
El suyo es un físico único —como en su día lo fue el de Natalie Wood— con el que, inexplicablemente, no se sintió a gusto hasta pasada la veintena (por cosas de este oficio, supongo). Sin embargo, esa inseguridad de Victoria Luengo (Palma de Mallorca, 1990) fue el pilar para construir a una actriz permeable y magnética, dotada para todos los personajes. Para los que sufren (muchos), para los que se rebelan y para los que callan.
De todo ese abanico —'Chavalas', 'Suro', 'La reina roja', 'Historias para no dormir', 'Yo, adicto', 'Amarga Navidad'… por citar algunos— una escena en particular sentó las bases de una relación profesional consistente y de largo recorrido: la sobremesa que marcaba el inicio de su rol en la serie 'Antidisturbios' (2020), de Rodrigo Sorogoyen , en la que una chica de apariencia frágil juega una partida de Trivial en familia. Instante pequeño y cotidiano que ella y la mirada del cineasta convirtieron en extraordinario —habilidad después magnificada por el director en la serie 'Los años nuevos'— y que en 'El ser querido' subliman, entre otras, en la comentadísima escena inicial de la comida en el restaurante que para todos fue clave y que la actriz define como un salto al vacío.
"Lo más bonito que me ha pasado en esta comunión artística que tengo con Rodrigo es que ha sucedido de manera natural", afirma Luengo. "Nunca hemos analizado cómo estábamos evolucionando; compartimos la misma pasión que nos genera trabajar y coincidimos en nuestra manera de ver el cine: la obsesión por plasmar la vida, lo pequeño, lo que parece que no es interesante y, sobre todo, lo que no se dice . Es lo que me ha permitido ir siempre más allá.
Eso y también la certeza de que Sorogoyen, director a favor de los actores, construye a su alrededor y siempre con el mismo equipo —”es precioso verlo con ese grupo de trabajo del que no se separa nunca”— un colchón de fascinación y seguridad. “Él es muy exigente, pero desde la pasión y no desde el enfrentamiento. Va a unos detalles que te hacen crecer", asegura. " Tiene muy claro lo que quiere y es duro de convencer, pero escucha muchísimo y llega a consensos. Para mí, un buen director debe ser alguien que te permita arriesgarlo todo para que surja la sorpresa . Y Rodrigo lo es. De hecho, es alguien genuinamente dotado para el cine. Siempre consideraré una gran fortuna cruzarnos en 'Antidisturbios'".
A raíz de esto, su nuevo salto de fe con el cineasta estaba claro que iba a ser mayúsculo. Primero, por la historia en sí. Pero, sobre todo, por el ‘con quién’. “ Javier Bardem es uno de los mejores actores del mundo", dice rotunda. "Cuando me confirmaron que trabajaríamos juntos tuve dos subidones: uno de miedo y otro de ilusión . Y que el primer día de rodaje con él y sin haber ensayado fuese una toma de una hora y veinte de improvisación lo viví aterrorizada. Me sentía incapaz de estar a la altura. "Lo maravilloso fue que, al entrar y verlo en el set, percibí que también estaba nervioso y me dije: 'Es Javier Bardem, sí, pero ¡es una persona!'.
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