Gloria Gallego, experta en educación: "Ante una mala nota, al alumno puede resultarle más sencillo atribuirlo a que el profesor le tiene manía que asumir que ha cometido un error"
Arranca el curso y son muchos los padres que, tarde o temprano, escuchan en casa la manida frase: "El profe me tiene manía". Con el regreso a las aulas, cada mala nota, llamada de atención o falta por no llevar los deberes encuentra con frecuencia un culpable externo en boca de los alumnos : el profesor explica mal, el examen era injusto o el colegio entero parece haber iniciado una cruzada contra ellos.
Para entender qué hay realmente detrás de este discurso y cómo gestionarlo sin dinamitar la confianza con los hijos ni restar autoridad a los docentes, conversamos con Gloria Gallego , directora del Departamento de los Grados en Educación de la Universidad CEU San Pablo. La experta nos explica por qué actuar siempre como "abogados defensores" de los menores puede perjudicar su desarrollo emocional a largo plazo.
¿Es la frase "el profesor me tiene manía" una etapa evolutiva normal de la adolescencia o la infancia, o un reflejo de un problema más profundo de madurez y responsabilidad?
Esta frase forma parte de todo adolescente, podría decirse que es propio del proceso de crecimiento y maduración durante la adolescencia. Es una etapa en la que los jóvenes están construyendo su identidad, desarrollando su seguridad e intentado formar su propio criterio. Por eso, es lógico que empiecen también a cuestionar aquello que les dicen los adultos, tanto los profesores como los padres. En muchas ocasiones, cuando cualquier alumno te dice “el profesor me tiene manía”, detrás puede haber cierta inseguridad del adolescente . Ante una mala nota, una llamada de atención o una discrepancia con un profesor, puede resultarle más sencillo atribuir lo ocurrido a que el profesor le tiene manía que asumir que quizá ha cometido un error o que necesita mejorar en algún aspecto.
¿Cómo deben actuar los padres? ¿Cómo se puede diferenciar cuándo se trata de una excusa del alumno para eludir responsabilidades y cuándo existe realmente una falta de afinidad o una injusticia por parte del docente?
Una de las funciones de los padres es escuchar a sus hijos con respeto, cariño y atención. Nunca se debe negar de entrada lo que nos están contando, especialmente durante la adolescencia. Si como madre o padre reacciono diciendo “eso que me estás contando no puede ser, el profesor tiene razón”, corremos el riesgo de romper la confianza con nuestros hijos. Y, sabemos que la confianza es fundamental en esta etapa. Nuestros hijos van a enfrentarse a situaciones nuevas, van a tener dudas y pueden encontrarse con problemas que no sepan cómo resolver. Necesitan sentir que sus padres son las primeras personas a las que pueden acudir. Por eso, cuando nos cuentan algo, debemos escucharlos con cariño y hacerles preguntas que nos ayuden a comprender qué ha ocurrido realmente. Hay que escuchar antes de juzgar y ayudarles a poner las cosas en su sitio, pero sin negar de entrada su percepción que no siempre es fácil. No es conveniente que los padres busquen información entre otros padres ante la primera duda, ya que eso puede contribuir a generar rumores, malentendidos o una mala imagen del profesor sin conocer realmente lo sucedido.
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