Teresa Herrero, coach: "Hemos asociado descansar con perder el tiempo e incluso en vacaciones llenamos la agenda"
Durante la temporada estival los escenarios cambian: cambiamos las reuniones por encuentros alrededor de una mesa, tomamos el sol, vamos más a la playa y a la montaña... es decir, tenemos vacaciones y el tiempo libre se triplica.
Pero para muchas personas, pese a que hay ligeras diferencias con nuestro día a día durante los meses de frío, tienen la misma sensación interna: cansancio mental , ruido constante, agobio y dificultad para desconectar de verdad .
Hay personas que dejan de trabajar pero no dejan de estar en alerta y otras llenan cada día de planes, estímulos y actividad sin darse cuenta de que siguen funcionando desde la misma inercia que durante el año.
Y muchas descubren algo incómodo cuando por fin paran: no saben cómo hacerlo.
Teresa Herrero , coach de desarrollo personal y gestión emocional, comenta que "ay personas que llevan tantos meses viviendo en modo automático que "cuando llegan las vacaciones el cuerpo descansa, pero la cabeza no", y ahí aparece la sensación de agotamiento que no se resuelve simplemente cambiando de lugar.
Dificultad para desconectar A diferencia de hace años, hoy el descanso ya no aparece de forma natural: e l móvil sigue encendido, las conversaciones continúan abiertas, las redes sociales mantienen el cerebro estimulado constantemente y el verano también se ha convertido, en muchos casos, en otra fuente de presión .
Los planes, viajes, experiencias, fotos, productividad personal, aprovechar el tiempo, hacer deporte, leer más, socializar más... ¡Una lista interminable! E incluso descansar parece haberse convertido en algo que hay que hacer "bien" : "El problema no es hacer cosas, es sentir que incluso en vacaciones tienes que estar constantemente aprovechando el tiempo y llenar la agenda".
Descansar genera culpa Uno de los fenómenos más habituales es la incomodidad que aparece cuando no hay estímulos ya que m uchas personas se sienten inquietas si no están haciendo algo , respondiendo mensajes, consumiendo contenido o pensando en lo siguiente.
Y eso tiene un impacto emocional importante: fatiga mental, irritabilidad, dificultad para concentrarse o sensación de saturación suelen ser algunas de las consecuencias de vivir permanentemente en estado de actividad: " Hemos asociado el descanso con perder el tiempo , y desde ahí es muy difícil desconectar de verdad", dice Teresa Herrero.
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