La muerte de un alumno en un viaje desata una rebelión docente contra las excursiones: «Hay consecuencias penales»
Nadie en el instituto Ítaca, en Zaragoza, ha sido capaz de olvidar el viaje que en 2022 realizaron los estudiantes de Bachillerato a Bélgica.
La noche del 13 de marzo, Mario Conesa, de 17 años, se quedó solo en el hotel por estar enfermo mientras sus profesores y el resto de la clase cenaban fuera.
A Mario se lo encontraron muerto sus compañeros al volver al hotel , pero no estaba en su cuarto, lo hallaron al fondo del hueco de las escaleras de emergencia del hostal donde se alojaban tras haber caído de una altura de tres plantas.
Según se supo después, el joven ya había presentado antes algunos síntomas como fiebre, náuseas y malestar general.
En las cámaras de seguridad del hotel quedó registrado cómo Mario se despertó sobresaltado.
Salió de la habitación sin gafas, sin calzado y sin móvil.
Se desplazó hasta el pasillo, tocó en alguna habitación de compañeros, gritaba.
Las imágenes muestran que estaba en estado de pánico, desesperado al no encontrar a nadie.
Deambuló y después se produjo el accidente.
Cayó por el hueco de las escaleras de emergencia.
Más de cuatro años después, en enero de 2027, la Audiencia Nacional juzgará a los dos profesores responsables de aquel viaje de estudios por homicidio imprudente y piden hasta cuatro años de cárcel.
La ley deja claro que la responsabilidad civil de lo que ocurra en actividades fuera del centro es de los docentes.
Sin embargo, el problema aparece cuando se produce un accidente grave por la dificultad de valorar una imprudencia penal.
Por eso, la sentencia que dicte la Audiencia Nacional marcará un antes y un después.
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