Científicos alertan de que el 'gran apagón solar' podría ser 30 veces peor de lo que se pensaba
Llevamos setenta años observando al Sol con satélites y en todo ese tiempo nunca lo hemos visto emitir superllamaradas, erupciones estelares que liberan una cantidad de energía muchísimo mayor de las que hemos en los registros.
Un equipo de investigadores acaba de publicar un estudio que advierte que este período de calma no tiene por qué durar para siempre y que, al igual que ocurre con otros astros similares, el Sol es capaz de producir llamaradas con energías muy por encima de la más potente jamás medida de forma directa.
La razón de la alarma es que toda la infraestructura tecnológica necesaria para el funcionamiento de la civilización moderna—satélites GPS, redes de internet y, sobre todo, redes eléctricas— está diseñada y protegida pensando únicamente en las tormentas solares que hemos observado desde el inicio de la era espacial, hace unos setenta años.
Aun así, sabemos que una tormenta solar lo suficientemente potente podría destruir estas protecciones y devolvernos a la Edad Media de un plumazo si no actuamos a tiempo.
Ahora, los científicos han demostrado además que nuestros peores escenarios se quedaban cortos.
"Nuestro Sol tiene potencial para emitir superllamaradas.
Puede producir manchas solares masivas que, en principio, pueden servir como punto de partida para las explosiones de radiación más extremas", explica Natalie Krivova, investigadora del Instituto Max Planck y autora del estudio.
La posibilidad de encontrar indicios de tecnología interestelar en el polvo lunar Avi Loeb El análisis del regolito lunar en busca de partículas de polvo submicrométricas podría revelar civilizaciones extraterrestres, pero el polvo natural y los desechos humanos plantean desafíos Cómo lo han descubierto El trabajo , firmado por científicos del Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar (MPS), en Alemania, y de la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos, y publicado en la revista Philosophical Transactions of the Royal Society A, no parte de una simulación ni de un escenario hipotético, sino de matemáticas ancladas en datos reales.
El equipo pensó que cuanto más grande y compleja es la región activa del Sol —esas zonas de campo magnético intenso asociadas a las manchas solares—, más energía puede liberar en una erupción.
Para probarlo, analizaron el catálogo de más de 300 erupciones solares de gran tamaño registradas entre 2010 y 2016 por el Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA, cruzando el área de las llamadas cintas de llamarada —las huellas brillantes que deja en la cromosfera la reconexión magnética— con el tamaño de la región activa de la que surgieron.
"Por supuesto, sabíamos que no se habían producido superllamaradas durante el periodo de observación", señala Krivova.
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