¿Realmente afecta el cambio de hora al cerebro? Una neuropsicóloga responde
La madrugada del próximo 25 de octubre dormiremos una hora más , al menos en teoría.
A las tres volverán a ser las dos y, aunque los relojes digitales se ajustarán automáticamente, nuestro organismo necesitará algo más de tiempo para adaptarse al nuevo horario .
El cambio puede influir durante los días siguientes en el sueño, la somnolencia y la capacidad de concentración , ya que el cerebro no modifica su ritmo al mismo tiempo que las agujas del reloj.
Lo cierto es que el organismo cuenta con un reloj biológico que regula cuándo sentimos sueño , en qué momentos estamos más alerta y cómo varían determinados procesos a lo largo del día .
Cuando los horarios de actividad y descanso cambian de golpe, el cuerpo puede seguir funcionando inicialmente según el ritmo anterior.
"Algunas personas apenas lo notan o se adaptan en uno o dos días, mientras que otras pueden experimentar cambios en el sueño o mayor somnolencia durante alrededor de una semana y, en algunos casos, más tiempo", explica Valeria Medina, neuropsicóloga de NeuronUP.
El horario de invierno encaja mejor con nuestro reloj biológico La buena noticia es que la transición de octubre suele resultar más sencilla que la de primavera porque al sistema circadiano le resulta más fácil retrasar sus horarios que adelantarlos .
Además, el horario de invierno favorece una mayor coincidencia entre la luz de la mañana y el inicio de las actividades, por lo que encaja mejor con el ciclo natural de luz y oscuridad.
"Esto puede favorecer que el sueño llegue a una hora compatible con las obligaciones del día siguiente , aunque no significa que todo el mundo vaya automáticamente a dormir mejor o a tener mejor memoria o atención", matiza Valeria Medina.
Y aunque en octubre se suele decir que “ganamos una hora de sueño", disponer de ese tiempo adicional no garantiza que vayamos a dormir una hora más ya que el organismo puede despertarse a su ritmo anterior.
La atención es especialmente sensible cuando dormimos peor Si durante la adaptación dormimos menos o descansamos peor, la atención sostenida es una de las funciones cognitivas más sensibles .
Pueden aparecer lapsos más cortos de atención, dificultades para concentrarse o respuestas más lentas.
También pueden verse comprometidas la memoria de trabajo y algunas capacidades relacionadas con la planificación o la toma de decisiones.
En el día a día esto puede traducirse en tener que releer un correo electrónico, perder el hilo de una conversación o tardar más en completar una tarea .
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