Mbappé, Vinícius y los "madridistas disfrazados"
Me tomé un respiro vacacional más que necesario - supongo que también merecido -, tratando de desconectar de todo en la medida de lo posible, algo que el fútbol complica sobremanera, siendo además un ferviente consumidor de Twitter.
Sí, lo siento.
Me niego a llamarlo X.
Dos nadapletes consecutivos en un club como el Real Madrid no solo duelen, sino que causan una profunda herida en el tejido social.
Entiendo que ni el regreso de José Mourinho sea suficiente aliciente tras cerrar otro verano sin reparar la ausencia de pies en el centro del campo tras la marcha de Toni Kroos.
No me considero oficialista.
De hecho, me catalogaría dentro de lo que llaman madridismo vinagre.
Crítico, si nos salimos del argot tuitero.
Veo brotes verdes, pero tampoco hay que hacerse trampas al solitario.
Que, además, tu máximo rival vuele en septiembre tampoco ayuda.
Entiendo el estado de histeria colectiva, pero todo tiene sus límites.
Y ahí es donde empieza lo que realmente me interesa.
Digo esto no por una cuestión puramente deportiva.
Me parece hasta trivial.
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