La tierra prometida es Almonte
Por los caminos aquello parecía un éxodo.
Una inmensa columna humana avanzaba entre parcelas primero y pinares después en busca de la tierra prometida.
Familias enteras, mayores, jóvenes y niños; gentes llegadas de todos los rincones de España y con todos los acentos, caminando durante horas con una botella de agua, algún refresco y un bocadillo.
No había copas ni juerga.
No hacía falta nada más.
El camino era acompañarla a Ella.
Y la tierra prometida era Almonte.La venida de la Virgen del Rocío a su pueblo ha dejado imágenes para la historia.
Una multitud imposible de calcular con exactitud acompañó a la Blanca Paloma por unos caminos a los que literalmente les estallaron las costuras.
No cabía un alma.
Dicen que casi dos millones de personas.
Las parcelas estaban apretadas, los pinos también y hasta la carretera se convirtió en una riada humana.
Todos caminaban en la misma dirección porque la Virgen del Rocío puede con todo.Y en mitad de todo estaba Almonte.
Un pueblo que abre sus puertas para compartir con el mundo lo que más quiere.
Porque para comprender el Rocío hay que ver alguna vez cómo mira un almonteño a su Madre.
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