Un aviso británico a navegantes
Farage, el cofundador de Reform UK, y 'Binface' ('Carabasura') son las dos caras de una devaluada democracia parlamentaria en Reino Unido.
Acierto británico normal y corriente le complacía su democracia parlamentaria. Disfrutaba de su moderación y el pacto constitucional que la Cámara de los Comunes forjó con la Corona hace más de tres siglos le infundía sensaciones de excepcionalidad y permanencia. Y la alternancia en el poder del sistema bipartidista le aseguraba equilibrio. Ya no. Hoy la democracia parlamentaria no le enorgullece. Es imposible que le guste la deriva que ha tomado. Unos convierten sus tradicionales procesos en farsa y otros los polarizan.
El disgusto del británico de andar por casa se comprende y los demás deberían poner sus barbas a remojar. Su desazón es un aviso a navegantes. Se ha agrietado el tan deseable gobierno de We the People -la peor forma de gobierno con la excepción hecha de todos las otras, según Churchill - que hunde sus raíces en el Palacio de Westminster, Londres, sede de los interlocutores democráticamente elegidos por el pueblo soberano.
Algo está podrido en el Estado del Reino Unido, como decía Hamlet del de Dinamarca, cuando un cómico con la cabeza y los hombros ocultos en un cubo de basura se presenta como candidato a ganar un escaño en la vetusta asamblea donde generaciones de decorosos parlamentarios han ensanchado el camino de la democracia abierta y representativa.
El del disfraz se hace llamar Count Binface ( bin es el cubo de los restos) y se proclama guerrero intergaláctico del espacio.
Para ser exactos, la putrefacción no se debe al hecho de que un estrafalario antisistema pida el voto de los ciudadanos. En Reino Unido se puede presentar como candidato todo el que deposite en la junta electoral local quinientas libras, 585,30 euros al cambio de hoy, que se le devuelven si obtiene más del 5% del voto total, y no sea juez, militar o policía en activo. La descomposición institucional no se debe a que un caradura llamado Carabasura aparezca en la papeleta, sino a que gente adulta que sabe leer y escribir y que se supone responsable vote al grotesco e irrespetuoso intruso.
El de la cabeza metida en un cubo de basura es la antipolítica y en su manifiesto abundan lo que algunos saludan como gracietas geniales y otros abominan por ser estupideces de mal gusto que ridiculizan lo que se ha de tomar en serio: "Rebajaré tus impuestos y subiré los de los demás"; "prometo construir, al menos, una vivienda asequible"; "[gracias a mí] las maquinas tragaperras serán más justas para que los jugadores tengan posibilidades de ganar".
Con estas y parecidas ofertas, el guerrero intergaláctico obtuvo el segundo lugar y el 26,9% del voto total en unas elecciones parciales celebradas la semana pasada en el distrito electoral de Clacton , una ciudad costera de unos 85.000 habitantes al noreste de Londres. Fue una elección parcial atípica porque la forzó Nigel Farage, el propio diputado que representaba el distrito, con el fin de convertirse en el arbitro indiscutible de la política del Reino Unido.
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