Barcelona, ciudad sin minigolf
Hay quien dice que Barcelona lo tiene todo.
Que es una ciudad total.
Pero no, en Barcelona no hay un solo minigolf.
Y sí, se puede vivir sin estos homenajes a la precisión, la paciencia, el pulso, los rebotes y y el temple, pero no deja de ser curioso que la ciudad de los prodigios lleve décadas de espalda al golf en miniatura.
En otros países es un deporte de culto, con federación propia, con campeonatos, pero por debajo de los Pirineos se ha convertido en una anécdota veraniega, una actividad vacacional, una pachanga familiar.
La hemeroteca, sin embargo, demuestra que no fue siempre así: 100 años atrás, la sociedad aristócrata se pirraba por una noche de copas y golfito.
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