El grave error de Feijóo en su arranque de curso: obsesionado con tumbar a Sánchez, pero sin plan para gobernar
Alberto Núñez Feijóo inaugura el nuevo curso político con la peor de las sensaciones para un aspirante a la Moncloa: la de haber pasado el verano sin avanzar en su gran asignatura pendiente, demostrar que está preparado para gobernar.
Mientras dedica sus intervenciones a explicar por qué Pedro Sánchez debería dejar la presidencia, sigue sin responder a una pregunta más importante: ¿por qué debería serlo él? Agosto ha dejado expuestas sus carencias de liderazgo, su dependencia de Isabel Díaz Ayuso, su tendencia a la sobreactuación y la dificultad para construir un proyecto propio que vaya más allá de la crítica.
Una oposición puede sobrevivir un tiempo instalándose en el descontento, pero no puede presentarse como alternativa de Gobierno sin explicar qué hará en el poder.
Esa es la gran laguna del PP. ¿Qué propone Feijóo en vivienda, sanidad, educación o salarios? Son respuestas más complejas que pedir la dimisión de Sánchez, pero indispensables para presidir el país.
El curso arranca con un Partido Popular a la defensiva, más pendiente de la bronca que de recuperar la iniciativa.
Los errores de agosto son síntomas de una formación que no encuentra el rumbo, atrapada entre la necesidad de parecer moderada y la presión de una ultraderecha que le exige endurecer el discurso.
Uno de los episodios más reveladores ha sido la gestión de la crisis migratoria en Ceuta.
Ante un asunto complejo que exige rigor y diplomacia, Feijóo optó por elevar el tono.
La petición del Consejo de Seguridad Nacional llegó acompañada de acusaciones que alimentaron la tensión sin aportar soluciones.
Hablar de confinamientos o insinuar la implicación de la Casa Real no es una muestra de autoridad, sino de precipitación.
Un aspirante a la Presidencia no puede comportarse como un tertuliano obligado a dar una respuesta contundente para cada titular.
Si el PP quiere gobernar, debe demostrar que sabe gestionar la complejidad y que su líder no es una marioneta. ¿Qué hacía Aznar en Ceuta además de sembrar división? Ahí aparece otra de las grandes contradicciones del verano.
Feijóo reconoce errores, pero no explica cómo corregirlos.
Admitir fallos exige un proyecto renovado; si se mantiene el endurecimiento discursivo en inmigración, medio ambiente o pactos con la ultraderecha, la rectificación queda reducida a un ejercicio de comunicación.
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