En 1923 Einstein hizo un peculiar "tour" por España: pagos desorbitados, fiestas y conferencias que casi nadie entendía
Durante su fugaz pero intenso paso por España, en 1923, Albert Einstein dejó un buen puñado de anécdotas.
Algunas son fiables.
Otras rozan la leyenda.
De todas, quizás la más popular es la que le ocurrió durante su visita a Madrid, la primera semana y media de marzo .
Se cuenta que el físico alemán caminaba por la ciudad cuando una castañera, quizás intrigada por el séquito que lo acompañaba, quizás al reconocerlo por su bigote de cepillo y melena alborotada tras ver su foto en los diarios, levantó la voz y celebró su visita con una ovación espontánea: — ¡Viva el inventor del automóvil! La anécdota la cuenta el historiador Thomas Glick y se ha repetido hasta la saciedad , pero capta bien la atmósfera que acompañó la visita de Einstein a España: muy poca gente entendía quién era o cuál había sido su aportación a la ciencia universal, pero su periplo por Barcelona, Madrid y Zaragoza generó una atmósfera a medio camino entre el entusiasmo académico y un fenómeno fan que hoy parece reservado a las estrellas pop o los grandes futbolistas.
De gira por España Si Einstein decidió marcarse un "tour" por la convulsa España de comienzos del siglo XXI fue básicamente por el empeño de dos hombres , ambos intelectuales de primer nivel: el matemático Julio Rey Pastor y el ingeniero Esteban Terradas .
El primero invitó al genio alemán en la primavera de 1920 y, aunque en un principio Einstein se mostró dispuesto a viajar a la península, acabó excusándose por los compromisos que ya tenía agendados.
La cosa pudo haberse quedado ahí si no fuera porque en 1921 Terradas volvió a escribirle reiterando la invitación.
En esa ocasión hubo más suerte y la visita se fijó para el curso 1922-1923 .
No es un detalle menor.
Aunque Einstein gozaba de una fama extraordinaria desde el eclipse de 1919 que confirmó su Teoría de la Relatividad General , en 1922 su popularidad había ido un paso (o varios) más allá.
En otoño el alemán había recibido la noticia de que había ganado el Premio Nobel de 1921 "por sus servicios a la física teórica", especialmente la ley del efecto fotoeléctrico .
La noticia le pilló de gira por Japón , un viaje que dejó anécdotas que dan una idea de su popularidad.
La más curiosa es la protagonizada por un mensajero a quien Einstein quiso dar una propia.
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