Ya no roban museos como en las películas
Durante décadas, el ladrón de arte perfecto necesitaba tres cosas.
Paciencia, conocimientos y discreción.
Entraba cuando nadie miraba, sabía exactamente qué cuadro descolgar y desaparecía dejando poco más que un marco vacío y una buena historia para el cine.
Algo entre El caso Thomas Crown, Rififi y la precisión coreografiada de Ocean's Eleven.
El nuevo ladrón de museos europeo parece haber visto otra película.
Lleva un mazo, un hacha o una pistola.
A veces, directamente, explosivos.
Europol acaba de advertir de un cambio significativo en los robos de patrimonio en Europa.
Los golpes son más agresivos, sus autores no siempre pertenecen a las redes especializadas tradicionalmente vinculadas al tráfico de arte y los objetivos también están cambiando.
Oro, joyas, piedras preciosas y piezas culturales que puedan transformarse, dividirse o revenderse con relativa facilidad.
El museo ya no es necesariamente el escenario de un robo sofisticado.
Cada vez se parece más al de un atraco.
El ejemplo más cinematográfico ocurrió, paradójicamente, lejos de cualquier gran museo monumental.
En enero de 2025, unos ladrones hicieron explotar una puerta del Drents Museum, en Assen, una pequeña ciudad del norte de Países Bajos.
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