Los 'nasoni': Roma sigue dando el agua gratis
En Campo de' Fiori, el agua cambia de manos sin ceremonia.
En uno de los 'nasoni' de la plaza, un comerciante llena un cubo azul mientras, a su espalda, se amontonan las cajas de fruta.
En el otro, a pocos metros, un joven se inclina sobre el caño para beber.
Todavía no domina el pequeño secreto romano : basta tapar con un dedo la salida inferior para que el agua salte por el orificio superior y llegue directamente a la boca.El agua corre día y noche.
Sirve para limpiar un puesto, refrescarse la nuca, llenar una cantimplora o salvar al visitante que ha calculado mal la distancia entre dos monumentos bajo el sol de verano.
En una plaza donde casi todo tiene precio —la fruta, el zumo, el recuerdo, incluso el derecho a sentarse—, el 'nasoni' o también llamado 'nasone' continúa trabajando gratis.El nombre se lo dio su caño curvado, parecido a una nariz grande.
Los primeros aparecieron en 1874 por iniciativa del alcalde Luigi Pianciani, cuando Roma acababa de convertirse en capital de Italia y necesitaba extender el agua pública por sus calles.
Aquellas columnas de hierro fundido tenían tres bocas con forma de dragón.
Los dragones desaparecieron y quedó una sola cánula metálica.
Roma ha prescindido de muchas cosas; del agua gratuita, por ahora, no.Hay unos 2.800 'nasoni' repartidos por la ciudad.
El agua es potable y está sometida a los mismos controles que la red doméstica.
Buena parte llega desde los manantiales del sistema Peschiera-Capore, en los Apeninos.
Los antiguos romanos levantaron once grandes acueductos.
La idea esencial apenas ha cambiado: acercar el agua a quien la necesita.Romano, el quiosqueroEn mis primeros años en Roma, mi vecino el quiosquero de Via Zanardelli, de nombre Romano, me preparaba cada mañana el fardo de periódicos.
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