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Una tarde con Feúcha

ABC ·
Una tarde con Feúcha

Fue el principio del verano más aburrido de mi vida, estaba solo en la finca de Can Teixidó de mi abuela, en Alella.

Una semana solo: sin amigos, sin familia, y además sin Miguela porque mi abuela se la había llevado a Marbella.Yo tenía 16 o 17 años y dormía con las ventanas abiertas porque, por lo menos a las propiedades de mi familia, todavía no había llegado el aire acondicionado.

Una mañana me despertó el ruido de coches y voces y perros y eran los nuevos propietarios que se estaban instalando en la finca vecina.

Me levanté de la cama, miré, y la hija era una que iba a mi clase y la llamábamos Feúcha.

No era la más fea, pero sí la menos agraciada entre las hermosas, y siempre iba con ellas, de modo que todos alguna noche tuvimos que elegir entre pasar por su rigor o volver a casa de vacío.Estaba tan asqueado que fui a verla enseguida y quedamos en que vendría por la tarde a bañarse a mi piscina.

Hablar con ella fue mejor que no hablar con nadie, y aunque al preparar los negronis en el porche nos besamos, recuerdo perfectamente la pereza que me dio llevar aquello más lejos y paré cuando aún estaba a tiempo.

Bebimos y estaba siendo un rato agradable cuando me pidió ir al baño, la acompañé y justo antes de entrar escuchamos un ruido y eran unos ladrones que se habían metido por la casa de los masoveros hasta la cocina.Feúcha vio mi cara de pánico y era real, porque en estas cosas y en casi todas soy un gran miedica.

Me tomó de la mano, me escondió en el cuarto de la plancha, detrás de las tablas, donde era obvio que los ladrones no buscarían, y ella tuvo el valor de volver al salón y empezar a gritar como una poseída que la Policía estaba llegando.

Y con la única defensa de un bastón de madera y oro que el conde de Sert le había regalado a mi abuela, fue camino de la cocina a encarar a los intrusos.

Yo vi cómo huían por las rendijas de ventilación del cuarto de las planchadoras donde permanecía muerto de miedo y escondido como una rata.

No salí enseguida, esperé en el escondrijo por si regresaban, pero no tardó en llegar la Policía porque era verdad que Feúcha -no sé ni cómo- había llamado.

Cuando me tomó la mano para que me levantara noté algo extraño pero pensé que era el alivio convertido en euforia.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.

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