¿Y ahora esto?
Cuando el domingo escuché ayer al Papa anunciar con toda transparencia y sencillez que, siguiendo el consejo de los médicos, se sometería en los próximos días a una intervención quirúrgica para extraerle un nódulo en el pulmón, me vinieron a la mente varias cosas.
La primera, que un Papa es tan vulnerable como cualquiera de nosotros y que también a él le llega aquella advertencia del Señor de que «serás llevado a donde no quieres».
Tenemos frescas en la memoria las imágenes de la fuerza serena de León en nuestras calles y plazas, o la que desplegó hace apenas un par de semanas en Francia ; también la claridad de su enseñanza, la paciencia para sanar las heridas de la Iglesia, el entusiasmo del pueblo e incluso la expectación de los que llamamos «grandes de este mundo», asombrados por el magisterio que ofrece su primera encíclica, 'Magnifica humanitas' .
Y entonces es cuando llega, sutil y algo envenenado, otro pensamiento: ¿y ahora esto?… ahora que «las cosas van bien» (o eso parece), ahora que ha tomado impulso, ahora que su pontificado prometedor va tomando forma… llega esta sombra… Desde luego, no hay que dramatizar , el nódulo se ha descubierto en fase muy temprana, se habla de una semana de recuperación, y el viaje a Perú, Argentina y Uruguay del próximo noviembre sigue en marcha… Pero la sombra está ahí como un recuerdo de una fragilidad constitutiva, de que la barca sólo es del Señor y que Él la guía.
Por cierto, el mismo Señor que aceptó subir a la cruz y que nos ha salvado a través de sus llagas.
El buen pueblo cristiano reza ya intensamente por el Papa en todos los rincones de la tierra, como siempre a lo largo de los siglos.
Es bueno tomar conciencia de que al Papa no le sostiene una estructura o un aparato, que su fuerza no radica en la buena salud (que por supuesto le deseamos), ni en la lucidez de su pensamiento (por la que damos gracias), ni en ese curioso equilibrio, del que hablan sus hermanos agustinos, que tan bien le viene a la Iglesia en este momento.
No, su fuerza radica en la fe . «Te basta mi gracia», le dijo el Señor a Pablo; «¿qué más da?, tú sígueme», le dijo a Pedro.
Dejemos nuestros cálculos, siempre tan raquíticos, y recemos por el Papa, renovándole nuestra adhesión llena de razones, de gratitud y de afecto.
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