De Bosman a Julián Álvarez: ¿se acerca otra revolución contractual?
Julián Álvarez durante un partido entre el Fútbol Club Barcelona y el Atlético de Madrid. EP.
Un futbolista firma por seis temporadas. El club paga una cantidad millonaria, construye parte de su proyecto alrededor de él y da por hecho que ese contrato le protege durante años. Dos temporadas después, el jugador decide que quiere marcharse. El club responde que tiene contrato. El futbolista recuerda que una carrera profesional es corta y que no quiere pasar varios años en un lugar en el que ya no desea estar.
Y empieza el conflicto. Algo parecido está ocurriendo con Julián Álvarez y el Atlético de Madrid . El argentino tiene contrato hasta 2030, pero durante el Mundial hizo pública su voluntad de abandonar el conjunto rojiblanco y reconoció que había hablado con el club porque consideraba que una transferencia era “lo mejor para todos”. El Atlético estableció una posición muy diferente: si quería marcharse, debía llegar antes del 20 de junio una oferta de 150 millones de euros . Esa propuesta no apareció en tiempo y forma y el conflicto acabó trasladándose al inicio de temporada.
La situación se ha tensado todavía más esta semana. Julián ha faltado a entrenamientos alegando una indisposición, después de ser abucheado por una parte de la grada del Metropolitano, mientras Barcelona mantiene públicamente su interés y el Atlético insiste en que no negociará con el conjunto azulgrana.
La cuestión no consiste en decidir si tiene razón el futbolista o el club. El Atlético está en su derecho de exigir el cumplimiento de un contrato libremente firmado. Y Julián Álvarez está en su derecho de querer jugar en otro equipo. El problema aparece cuando ambos derechos chocan y el sistema apenas ofrece soluciones intermedias.
Julián Álvarez está muy lejos de ser el primero que llega a ese punto. La historia reciente del mercado europeo ofrece numerosos ejemplos de futbolistas que, con contrato en vigor, hicieron pública su intención de salir y terminaron recurriendo a ausencias, plantes o gestos de ruptura para forzar una negociación.
No es un fenómeno nuevo. La historia reciente del fútbol está llena de jugadores que, con contrato en vigor, hicieron pública su voluntad de marcharse y acabaron tensando la relación con sus clubes . Luka Modric y Gareth Bale faltaron a entrenamientos del Tottenham antes de acabar en el Real Madrid; Dimitri Payet se negó a entrenarse y jugar con el West Ham hasta regresar al Marsella; Ousmane Dembélé dejó de acudir a una sesión del Borussia Dortmund cuando quería fichar por el Barcelona; Riyad Mahrez se ausentó varios días del Leicester; Laurent Koscielny se negó a viajar con el Arsenal; y Harry Kane no se presentó al inicio de la pretemporada del Tottenham cuando buscaba salir rumbo al Manchester City.
La lista sigue con Raheem Sterling, Florian Thauvin, Moisés Caicedo o Anthony Gordon , todos ellos protagonistas de conflictos en los que el deseo de cambiar de club chocó con un contrato todavía vigente.
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