Trumbo, el guionista más peligroso de Hollywood
Dalton Trumbo escribía de noche, metido en la bañera, con el agua hasta el pecho y una máquina de escribir apoyada en una bandeja sobre la porcelana.
En el borde, un vaso de whisky .
En la boca, un cigarrillo –el actor Kirk Douglas, su gran amigo, calculó que fumaba seis paquetes diarios–.
En el hombro, un loro que el propio Douglas le había regalado y que le picoteaba la oreja mientras él picoteaba las teclas.
Cuando un párrafo no le convencía, Trumbo lo cortaba con tijeras, reordenaba los fragmentos y los pegaba con cinta adhesiva.Esa es la imagen que nos ha quedado del guionista más buscado de Hollywood, fijada en el imaginario colectivo en 2015 con la película protagonizada por Bryan Cranston (el actor de Breaking bad ).
Entonces todavía se podía rodar un biopic sobre Trumbo.
Era la época de Obama, antes de Trump, de la pandemia, de las fake new s, de las guerras actuales… Antes, sobre todo, de la fractura que ha partido por la mitad a la sociedad norteamericana.
Entonces era un mártir de la libertad de expresión; hoy vuelve a ser un proscrito.El caso es que, cincuenta años después de su muerte, Estados Unidos sigue sin saber qué hacer con Dalton Trumbo.
Pasó por la cárcel y el exilio.
Hollywood lo expulsó de sus pantallas en 1947 y le borró el nombre de los créditos.
Después le devolvió los dos Oscar que ganó escribiendo a escondidas, como un negro literario de sí mismo.
Pacifista si convenía, comunista cuando la Unión Soviética era aliada de Estados Unidos.
Según con quién hables, fue un héroe, un renegado, un superviviente con suerte, un ingenuo.Cuando salió de la cárcel, ya no pudo volver a trabajar: los estudios lo vetaron.
Sus ejecutivos habían acordado en secreto no contratar a comunistasEl mito se forjó en un horno de pan.
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