José Daniel Ferrer: ¿De dónde sale el combustible para reprimir en Cuba?
La noche del 29 de agosto de 2026, vecinos de El Fanguito, barriada habanera próxima a El Vedado , volvieron a protestar contra los apagones.
Alrededor de medio centenar de personas, en su mayoría mujeres, ocuparon la vía pública.
Poco después aparecieron patrullas de la Policía Nacional Revolucionaria y efectivos de tropas especiales.
La zona quedó prácticamente acordonada.Ese mismo 29 de agosto, la Unión Eléctrica informó de una disponibilidad de apenas 1.140 MW frente a una demanda máxima de 3.250 MW.
El déficit previsto superaba los 2.100 MW.
El día anterior, la afectación había llegado a 2.340 MW.La escasez de combustible importado es parte esencial del problema.
El único gran cargamento de crudo confirmado públicamente en 2026 fue el ruso transportado por el petrolero Anatoly Kolodkin, que llegó a Matanzas el 31 de marzo con unas 100.000 toneladas, aproximadamente 700.000 barriles.
Granma y CUPET indicaron entonces que permitiría sostener determinadas actividades durante alrededor de diez días.Los suministros venezolanos, durante años fundamentales para Cuba, se redujeron drásticamente desde finales de 2025.
México también disminuyó y prácticamente interrumpió sus entregas regulares en 2026.Cuba produce alrededor de 40.000 barriles diarios de crudo nacional, según estimaciones ampliamente citadas.
Es un petróleo pesado y con alto contenido de azufre utilizado principalmente para producir electricidad.
Las refinerías cubanas también obtienen cantidades limitadas de diésel, nafta y fueloil, pero insuficientes para cubrir las necesidades nacionales.La cuestión es quién recibe ese escaso combustible.El 6 de febrero de 2026, al presentar su plan de emergencia energética, el Gobierno anunció que garantizaría combustible para servicios como el agua y la salud, pero incluyó expresamente entre las prioridades las «actividades de preparación para la defensa».
Díaz-Canel había explicado que esa preparación involucraba el sistema defensivo nacional, incluidas estructuras de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el Ministerio del Interior (MININT) y la defensa territorial.Lo que no existe es una contabilidad pública que permita conocer cuántos litros recibe cada sector.
Nadie puede saber cuánto combustible se destina diariamente a patrullas policiales, fuerzas especiales y vehículos de dirigentes civiles y militares.Mientras tanto, los servicios civiles están severamente restringidos.
El sistema de ambulancias cubre muy por debajo de la demanda necesaria.
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