Tennessee Williams, el mito que buscó mar, sol, arena y “quién sabe”
La noche del estreno de Un tranvía llamado deseo en un teatro de Broadway, el 3 de diciembre de 1947, con un desconocido Marlon Brando sobre las tablas, el público se puso en pie tras la caída del telón y sostuvo una ovación cerrada de siete minutos.
El éxito del montaje y un premio Pulitzer le granjearon a Tennessee Williams (Columbus, Misisipi, 1911-Nueva York, 1983) un colchón económico suficiente como para cruzar el charco atlántico por primera vez, hacerse con un pied-à-terre en Roma y, desde allí, escaparse con frecuencia a Barcelona.
Entre 1953 y 1958, el dramaturgo norteamericano visitó la capital catalana todos los veranos, cada vez que necesitaba un espolazo para no sucumbir a la “vieja modorra” canicular.
Un adelanto: el whisky español le sabía a garrafón, pero consideraba el agua Solares “la mejor del mundo”.
Seguir leyendo...
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lavanguardia.com — el contenido pertenece a La Vanguardia.