Nombre corriente, hombre valiente
Quienes estudiamos en los noventa, quedamos enmarcados casi inconscientemente en alguna de las dos tribus categorizadas por Umberto Eco en 'Apocalípticos e integrados', una especie de manual de sociología francamente sobrevalorado publicado treinta años antes que hizo furor decenios después entre los académicos.
Puede que fuese, tal vez, porque nuestros profesores eran hijos del sesentayochismo y, para más inri, españoles: quiero decir que pertenecían a la última generación acomplejada por haberse formado durante la dictadura.
El caso es que en las (añoradas) redacciones de la juventud, nos juntábamos especímenes de ambas trincheras, lo que antes o después del filólogo piamontés se ha dado en llamar, con menos prosopopeya, «pesimistas» u «optimistas».Aunque todavía se cultiva en algunos medios, y este papel es un vivo ejemplo, hubo por aquellas calendas un boom de la información provincial –no nos engañemos: también al aroma del dinero de las diputaciones– que parió brillantes profesionales adscritos a las dos divisiones de Eco.
Apocalípticos como JC, que regresaba de su ruta en autobuses de línea por los pueblos voceando su lema «¡El municipalismo está fatal!», e integrados como mi dilecto AD, al que hoy deseo robar uno de sus mejores titulares para glosar la figura del recién dimitido alcalde de Villanueva del Ariscal, Francisco García González. «Un nombre corriente para un político fuera de lo común», describió mi compañero en cierta ocasión a un 'Juan Pérez' cualquiera que se plantó en solitario frente a los usos más deleznables de su gremio.García González gobernaba con mayoría absoluta en su pueblo, del que es oriunda la familia de María Jesús Montero, los 'Pichilos', y donde sacó el 48,84% de los votos en las municipales de 2023, contra el derrumbe generalizado de su partido.
No se sabe con certeza del motivo de su dimisión, enmascarada tras el comodín «razones personales», pero todos los indicios apuntan a su hartazgo por la aspereza del enfrentamiento con los adversarios y, sobre todo, por el navajeo orgánico. ¡Cómo no entenderlo!De Albert Lebrun, presidente de la República Francesa durante la desbandada de 1940, dijo Charles de Gaulle con cruel precisión: «Para ser el Jefe del Estado le faltan dos cosas, ser un jefe y que exista un estado».
Pues al socialista Francisco García González también le hacían falta dos cosas, un par de huevos que echarle y un trabajo al que volver, para salir corriendo del nido de alimañas en que se ha convertido la política.
Y ha soltado el bastón de mando sin otro plan que retomar su carrera de sanitario en un hospital.
Ésta es la situación.
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