Pablo Aguado apunta al Domingo de Resurrección: «Seguramente así sea y ojalá que sí»
La Puerta del Príncipe queda al fondo.
La Maestranza, iluminada en la noche, vuelve a ponerle a Pablo Aguado el escenario de una felicidad reciente.
Esta vez no hay un toro de Jandilla ni una plaza rendida al compás de su naturalidad.
Hay dos sillas de enea en el ruedo y una conversación para mirar lo vivido y lo que todavía queda por soñar.
El primer programa de la segunda temporada de 'Silla de Enea' , en colaboración con ABC de Sevilla , devuelve al torero al lugar del que salió a hombros el sábado 26 de septiembre.
Tres orejas en San Miguel y una emoción que lo llevó en volandas hasta el Hotel Colón.
Ahora, la mirada apunta a otra fecha: el Domingo de Resurrección de 2027.¿Se merece estar? Aguado no quiere hacerse el cartel: «Eso no soy yo quién para decirlo, pero seguramente así sea y ojalá que sí».
El deseo, en cambio, no admite dudas. «Torear el Domingo de Resurrección es un privilegio y es el día, la plaza y el acontecimiento en el que todos los toreros queremos estar».
Sólo tres pueden hacerlo.
Conoce, además, la trampa de creer que la solemnidad de una fecha garantiza el triunfo: «Nos creemos que por ser Domingo de Resurrección se van a dar las cosas.
Y no es así».
La categoría del acontecimiento no doma al toro.Habla desde el recuerdo de una tarde en la que sí se juntaron las cosas.
Dos toros que embistieron para su manera de entender el toreo, la inspiración y esa comunión con Sevilla que cuesta explicar cuando ya se han apagado los tendidos. «Me siento un privilegiado », dice.
Sabe que una embestida propicia para él puede no serlo para otro compañero.
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