Juan Ortega dibuja como el mejor Zóbel el toreo en Cuenca
Cuando trenzaban el paseíllo, el viento soplaba con fuerza y no cesó en los dos toros de Morante.
Se notaba al Genio haciendo un esfuerzo por cumplir con su compromiso en Cuenca.
Por ello, hubo un conato de sacarle a saludar tras el paseíllo.
No cuajó, pero sí la pitada cuando pasaportó al primero, un toro que embistió recto desde que salió.
Dos veces lo puso en el caballo el torero, provocando ya que se caldearan los ánimos.
Era claro que mucho no le había convencido el mal aire de Marinero, pero también es cierto que la muleta era una bandera, por lo que decidió abreviar.
Se cubrió la cara con una toalla, visiblemente cansado de la paliza que sufrió apenas hace cuarenta y ocho horas en Málaga.Con ánimo salió a recibir al cuarto, pese a que se le quedaba el capote pegado al cuerpo por el aire, que hacía parecer el percal una servilleta de papel.
Pegado a tablas comenzó Morante con su empaque natural, con el silbar del viento como único sonido.
En la primera tanda, el toro le hizo un extraño por culpa del viento, y en la segunda Pescador se echó.
Además, no tenía recorrido ni clase ni nada.
Tuvo un lote marítimo malísimo.
Con todo, sacó un extraordinario natural, mientras se oían gritos de «¡Mátalo!», cuando el toro volvía a estar por los suelos.
Cambió la ayuda el cigarrero, y comenzaron los pitos. ¿En qué quedamos?Talavante y Ortega, a hombros en Cuenca MaxiToroPero el enfado pasó a un entusiasmo cuando llegó Ortega, que había soprendido este domingo toreando de hinojos en Antequera.
Se ve que le ha cogido el gusto, porque ha visto lo bien que se le da: sentado en el estribo comenzó, torerísimo, para después sacarse a Novelerón rodilla en tierra, hasta que puso las dos en el ruedo, en un arrebatado inicio que puso a la gente en pie.
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