David de Miranda devuelve en toreo el cariño de su pueblo
Trigueros tenía una deuda con su festival y una cita con uno de los suyos.
Después de más de una década sin celebrarlo, recuperó el festejo para homenajear a David de Miranda por sus diez años de alternativa .
Y el torero correspondió con una tarde de plenitud: cuatro orejas y dos rabos, el temple por argumento y esa firmeza que permite hacer las cosas sin que parezcan difíciles.
A su lado, Enrique Ponce dejó una obra de gran categoría y el novillero local Guillermo Luna puso entrega y ambición para completar una jornada de premios abundantes.La lluvia, intensa al comienzo, puso la primera dificultad.
También hubo que administrar las fuerzas del novillo que abrió plaza, un ejemplar de El Freixo justo de poder y transmisión.
Ponce lo recibió con verónicas sueltas y encontró después la altura y el ritmo que necesitaba.
Faena de facilidad, de cuidar la embestida y buscar la expresión sin exigirle al animal más de lo que podía ofrecer.
Hubo detalles por los dos pitones y ligazón a media altura.
Un pinchazo y una estocada casi entera precedieron a la primera oreja.David de Miranda dio pronto otra dimensión a la tarde.
Recibió al segundo con verónicas acompasadas y se ajustó en un quite por tafalleras.
Ya con la muleta, comenzó de rodillas con ayudados por alto, antes de imponer una lectura certera de los tiempos y las distancias.
Por la derecha llegaron los mejores pasajes: la mano corriendo despacio, el torero firme y la embestida conducida con temple.
Por el izquierdo hubo menos recorrido, circunstancia que resolvió sin violentar al novillo.El remate tuvo, además, un destinatario.
Las 'poncinas' fueron el homenaje del homenajeado a su apoderado, Enrique Ponce, que compartía cartel con él en una fecha tan señalada.
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