Pablo López Carmona, CEO de Silbon: «Estuve 8 meses sin cobrar; me tuve que volver a casa de mis padres con mi mujer y mi hija»
Los libros de economía suelen pintar la creación de una empresa como un camino fácil, con despachos modernos y planes de negocio perfectos.
Pero la realidad de la calle casi siempre se parece más a una montaña rusa sin red de seguridad.
Detrás de las tiendas llenas de clientes y de las marcas que hoy funcionan hay años de dudas, cuentas temblando y decisiones límite que ponen a prueba la salud y la vida familiar de quienes se atreven a empezar.De todo esto ha hablado recientemente Pablo López Carmona , el fundador de Silbon, durante su paso por el pódcast 'El Hombre Descalzo' , presentado por Álvaro Fernández.
En una charla muy sincera, el empresario cordobés ha querido quitarle el maquillaje al mundo del emprendimiento y contar la otra cara del éxito, esa que casi nunca se ve desde fuera.Ocho meses sin cobrar y de vuelta a la habitación de la infanciaPara lograr levantar una marca de referencia en la moda, Silbon tuvo que atravesar baches económicos muy profundos.
Hubo una época en la que la caja no daba para más y la supervivencia de la empresa pendía de un hilo.
En ese momento tan crítico, los socios tuvieron que tomar medidas drásticas para evitar el cierre total.«Rafa y yo estuvimos ocho meses sin cobrar.
Me tuve que ir a vivir a casa de mis padres , a mi cuarto de adolescente, con mi padre enfermo de Parkinson, mi madre, mi mujer y mi hija», recordaba visiblemente emocionado durante la entrevista, reconociendo que no tenía ni para pagar un alquiler.Despertarse cada mañana en aquellas circunstancias pesaba mucho en el ánimo.
El propio Pablo confesaba los pensamientos que le venían a la cabeza al mirar las paredes de su antigua habitación: «Decía, ¿qué hago aquí, tío? ¿En qué momento me he metido a emprender? Con lo bien que me iba... ¿Cómo la he cagado?».
En esos ratos de tanta desesperación, las ganas de tirar la toalla eran enormes, pero la responsabilidad con las personas que habían confiado en ellos le empujó a seguir luchando hasta dar con el plan que salvó la compañía.La bajada de estatus y las críticas de la genteEmprender cuando uno viene de un trabajo cómodo también obliga a lidiar con los comentarios del entorno y con lo que él mismo llama una bajada aparente de estatus.
En los inicios de la marca, cuando apenas vendían unos pocos polos y tenían que montar puestos ambulantes o improvisar stands en plena feria de Córdoba con sus pajaritas, las miradas de la gente pesaban bastante.«Había gente que te veía y decía: « Tío, ¿tú qué haces ahí? Si tú estabas de financiero ... y ahora estás aquí vendiendo ropa, de tendero».
Tienes que tener personalidad, porque si no, no aguantas.
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