Ángel Ortiz, el nieto del inventor de las palas de playa, quiere revolucionar este deporte
Clop, cataclop, cataclop, ¡Pi! Cataclop, clop, cataclop , ¡Boom! Clop, clop, cataclop, ¡Fium! Clop, cataclop, clop, ¡Meeec! El acostumbrado rebotar de pelotas a modo de un galope impulsado por palas de madera que resuena en las playas de Santander ha incorporado unos nuevos sonidos tecnológicos.
Los históricos castañazos, décadas tronando en esos arenales del Sardinero o del Camello, han evolucionado y ahora hay un radar analizando el nivel del bombardeo.
Un grupo de aficionados pretende que el juego de las palas se convierta en un deporte oficial y han incorporado a este territorio un sistema inventado en Grecia, que mide la velocidad, el total de golpes y las veces que la bola besa la arena, para ponderar el grado de esfuerzo y aptitud.
Su impulsor, Ángel Ortiz, es el nieto del primer santanderino que creó esas raquetas de madera que hoy son tan populares .
“Estoy llevando a cabo su sueño”, explica, aunque a los puristas no les convenza esta innovación en un juego que consiste en que la pelota no se caiga, pese a zurrarla a ritmos extremos, y que los revolucionarios buscan hacer más competitivo aplicando datos objetivos.
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