Todo lo que he aprendido sobre ventiladores en el peor verano de mi vida: por qué deberías tomar nota
Me he tenido que comer prácticamente todo el verano en Madrid. Sí, se agradece mucho que no haya casi nadie en una ciudad donde el resto del año no cabe un alfiler, pero cuando miramos al termómetro , esa ventaja se evapora. La temperatura media en junio y julio ha sido de 24,5 grados : 0,7 grados más que los anteriores récords para ese mismo periodo, registrados en 2022 y 2025. En la capital, el distrito de Retiro ha batido otra plusmarca al registrar 42 noches tropicales. Son solo dos muestras de cómo la canícula ha convertido este en el peor verano de mi vida en lo que a calor se refiere.
Para combatirlo, me ha tocado hacer un máster acelerado sobre ventiladores. En mi pequeño piso de alquiler, de unos 55 metros cuadrados, tengo aire acondicionado tanto en el dormitorio como en el salón, pero el susto en la factura de junio me dejó claro que no podía abusar de él. Además, soy de esa clase de personas a las que el flujo de aire constante les sienta fatal, así que dormir con el aire puesto quedaba totalmente descartado.
Hay una cosa que siempre he tenido clara: un ventilador no enfría una habitación. Mueve el aire y, cuando este entra en contacto con nuestra piel, facilita que el sudor se evapore y nos deja una sensación térmica más llevadera. Parece una obviedad, pero conviene recordarlo. O al menos esa es la conclusión a la que he llegado después de hablar con bastantes conocidos.
Pero ahora se han popularizado (sí, sé que llevan un tiempo en el mercado) un nuevo tipo de ventiladores que prometen algo más que mover el ambiente de la habitación. Los nebulizadores juegan en otra liga, aunque también tienen letra pequeña. Entre los muchos que he probado, he dado la oportunidad a dos de la marca DREO, el TurboCool 516S y el 765S. Y si estás en un verano seco como el que sufrimos en Madrid, es probable que te interesen.
El 516S es un modelo más compacto, ideal para poner en una cocina, en una mesita del salón o incluso en un rincón de la habitación . Su precio era de 99,99 euros, aunque se puede encontrar por unos 60 euros en oferta; consume 48 W y tiene un depósito de 1,3 litros. En el modo más bajo puede funcionar durante unas 12 horas y en Turbo se queda en unas 3,5 horas. Tiene sensor de temperatura y humedad, oscilación entre 30 y 150 grados y se puede controlar desde una aplicación o mediante Alexa. En el modo silencioso promete quedarse en 20 dB, una cifra que se agradece cuando lo tienes al lado de la cama.
El 765S es la versión para quien ha decidido que ya no quiere tonterías con el calor y lo que quiere combatir. Cuesta 219,99 euros, mide 110 centímetros, pesa ocho kilos y se mueve entre 90 y 96 W. Tiene 12 velocidades, un depósito de seis litros y puede llegar a 24 horas de nebulización continua en el modo más bajo. La niebla tiene unas partículas de 17 micras y alcanza alrededor de un metro. También permite control desde la aplicación, desde el panel táctil superior y mediante voz. Es bastante más aparatoso que el 516S y también bastante más difícil de esconder cuando llega septiembre, pero si buscas potencia y autonomía de agua, juega en otra categoría.
Lo de crear una cortina de agua se agradece.
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