Héctor Latorre, experto en seducción: «Hay tres rasgos muy potentes en la mentalidad de los hombres que multiplican su atractivo»
Seducir no consiste únicamente en resultar físicamente atractivo ni en aprender una colección de frases ingeniosas para iniciar una conversación.
La seducción es, antes que nada, una forma de comunicación en la que entran en juego el lenguaje corporal, la atención y la empatía, pero también la capacidad de mostrar un interés genuino por la otra persona.Algunas personas son capaces de seducir con mucha facilidad, incluso de forma inconsciente, mientras que para otras es una tarea muy complicada.
En este último grupo se encontraba Héctor Latorre . «Se me dio mal a los 20, a los 25 y a los 30.
Tardé yo mucho en entender cómo funcionaba la mente humana y en específico las relaciones entre hombre y mujer.
Sufrí muchísimo.
Estuve tonteando con finiquitar mi existencia.
Lo pasé muy mal », confiesa en el podcast Café con Historia', de Quique de la Cierva.Tras mucho tiempo dedicado, logró comprender cómo funcionaba el arte de la seducción y ahora quiere compartirlo con otras personas que pasan por lo mismo que pasó: «Yo quiero que la gente no sufra todo eso.
Sé que lo que hago puede parecer un poco superficial, algo frívolo.
Pero de verdad que para alguien al que le cuesta es muy duro, y por eso estoy aquí».
Los tres rasgos de los hombres atractivosDurante la conversación, Latorre identifica « tres rasgos muy potentes en la mentalidad de los hombres atractivos», siendo el primero de ellos «que se atreven a ir a por lo que quieren». «Un tío como toca, ve a una chica y, si quiere hablar con ella, va a hablar con ella.
Y no se está pensando 20 minutos 'qué le digo', va y habla de lo que sea», apostilla.Así, su consejo para quien quiere acercarse a alguien es quitar presión al primer contacto: «El primer truquito es quitarle importancia a la primera frase que le vas a decir».
La clave no estaría, por tanto, en encontrar una frase perfecta, sino en atreverse a iniciar la interacción.El segundo rasgo que destaca está relacionado directamente con la autoestima.
Para Latorre, una persona atractiva no necesita que la opinión de alguien concreto confirme su valor. «No valida su autoestima con la opinión de la chica», concreta.Eso no significa, aclara, que las opiniones ajenas deban resultar indiferentes. «A todos nos importa y a todos nos gusta gustar», reconoce.
La diferencia está en cómo gestionar las reacciones ajenas: «Lo que no hay que hacer es pensar que si esa chica me dice 'mira, disculpa, pero tengo prisa y me voy' pues eso no te tiene que hundir».El tercer y último rasgo está estrechamente relacionado con el anterior y consiste en no idealizar a la persona que tenemos delante.
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