Astronautas, gobernadores y socialistas: la carrera en la sombra de los Demócratas hacia 2028
El país ya mira en clave presidencial, pese a que las importantísimas 'midterm' son en noviembre. Los rivales del 'trumpismo' empiezan a asomar la cabeza
Ser presidente de Estados Unidos es un trabajo a tiempo completo lleno de obligaciones, desplazamientos y decisiones constantes e imposibles. Ser candidato a presidente de Estados Unidos es, si cabe, todavía más fatigoso. Y con unas reglas no escritas todavía más fascinantes. Para llegar a la Casa Blanca hace falta un equipo de primer nivel, una campaña de como mínimo dos años y sobre todo, cantidades ingentes de dinero. Pero hay además elementos menos conocidos e igualmente importantes. Crear comités de exploración, encargar de forma ultrasecreta encuestas de opinión en diferentes estados, hacer virguerías para darse a conocer a todo el país pero sin quemarse demasiado pronto o exponerse a las críticas. Buscar el compañero de ticket ideal, publicar siempre un libro, lograr entrevistas en los principales programas de televisión y periódicos. Y, por si fuera poco, conseguir pasar tiempo sin parecer desesperado en esos pequeños estados, principalmente de la costa este, donde arrancan las primarias y donde en cuestión de pocos días unos miles de habitantes rurales deciden el futuro de la nación.
Las próximas presidenciales serán en noviembre de 2028 . En cualquier otro lugar la atención mediática y política estaría acaparada por las elecciones legislativas de noviembre, las importantísimas midterm que pueden devolver el control del Congreso a los Demócratas y complicar seriamente la agenda de Donald Trump . Pero en EEUU la política nacional es un ciclo perpetuo, sin ningún tipo de descanso . Si la misma semana en la que Kamala Harris fue derrotada, en 2024, empezaron las quinielas sobre quiénes eran los mejor posicionados para reemplazarla, ahora que está a punto de empezar de verdad la carrera en ambos partidos, los jugadores empiezan a sacar la cabeza y desplegar sus piezas.
El primer y más destacado es sin duda el gobernador saliente de California, el demócrata Gavin Newsom . Se curtió en la campaña de 2024 en los márgenes de los debates presidenciales. Empezó a moverse enseguida cuando Trump ganó, dio un giro importante en su cosmovisión identitaria, lanzó un pódcast, empezó a buscar el choque diario con Trump en redes sociales, denunció una persecución política del Departamento de Justicia. Y ha admitido su interés en el puesto. Con fama de pijo, y un montón de escándalos personales en su historial, es una opción clásica pero que encaja regular con la batalla actual por el alma del partido, que parece decantarse por alguien más joven, más ideológico.
La siguiente figura es Kamala Harris , en el limbo desde que perdió contra Trump . Se especuló con que intentaría ser precisamente gobernadora de California, pero no dio el paso. Ha sacado su libro de memorias y dado una gira por todo el país. En abril, durante un acto de la National Action Network, le preguntaron por su ambición directamente y respondió: "Puede que sí... lo estoy pensando", la señal más explícita hasta la fecha.
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