Con la muerte en los tacones
De ser vieja me gustaría serlo como Carolina Herrera.
Rica, bien peinada, delgada y con esos andares.
Hemos visto estos días a la diseñadora de vestidos de novia Vera Wang, de 77 años.
Caminando.
Fíjense, decían los medios, casi 80 años y ese aspecto. ¡Como si fuera estupendo! Es verdad que si la mirabas de lejos y con las gafas de sol parecía una adolescente.
Pero andando era una señora de más de 77 años.
Me ha recordado a la hija del Gobernador (David Morrissey) en 'The Walking Dead', esa niña muerta a la que mantenía viva, encerrada y con cadenas.
Carolina Herrera tiene 87 años, los mismos que tenía Maricarmen.
Y hasta aquí las comparaciones.
La vida es una porquería, incluso con una existencia normal y sin tragedias.
No tengo ninguna esperanza de llegar a los 87 con casa, con dinero, ni siquiera sé si para entonces habré o habría seguido pagando el seguro de decesos que heredé de mi madre (ese es el negocio).
Vamos, que no sé si tendré ni siquiera donde caerme muerta.
Pero siempre he tenido previsto quitarme de en medio como plan de jubilación.
Cuando el covid, la gente hablaba de la incertidumbre que se les había aparecido.
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