Alejandro Palomas: «He entrado en esta novela siendo un hombre de cincuenta y ocho años que venía de un duelo y he salido convertido en un niño de siete años»
Alejandro Palomas acaba de publicar 'Casa' (Espasa), una novela que contempla el mundo desde los ojos de Mika , una niña de siete años que, tras la separación de sus padres, encuentra en su abuelo Tadeo un refugio desde el que intentar comprender lo que sucede a su alrededor.
Juntos se embarcan en la transformación de un antiguo campo en un bosque y, mientras los árboles comienzan a ocupar la tierra, también van creciendo entre ellos la confianza, los recuerdos y una manera propia de entender la vida.
La relación entre abuelo y nieta sirve a Palomas para adentrarse en la infancia, la familia, la pérdida y el duelo , pero también en nuestra relación con la naturaleza y en esa necesidad de encontrar un lugar —físico o emocional— al que verdaderamente podamos llamar casa.Para este escritor, 'Casa' es mucho más que un espacio físico. «Casa es la casa, es el abuelo, la infancia, los recuerdos y todo aquello que quisiste ser, pero que nunca lo lograste.
Casa son los proyectos de vida, es todo».
Y lleva la metáfora todavía más lejos: «Nosotros, cada uno de nosotros, somos casa y vamos ocupando a lo largo de nuestra vida lugares en el mundo a los que llamamos casa , pero la casa somos nosotros», dice.
De ahí surge también una invitación al cuidado interior. «Somos nuestra única casa, somos nosotros, no hay más.
O la cuidas, la ordenas, la revisas y la refrescas, o no tienes una buena vida», asegura.En el centro de la novela está Mika y su mirada infantil, un territorio en el que Palomas asegura moverse con naturalidad. «Conservo mucho esa mirada infantil.
Creo que es muy necesaria para vivir y para sobrevivir, sobre todo en el mundo actual ».
Frente a «esta actualidad hostil», reivindica la capacidad de observar a los adultos desde los ojos de un niño: «Si durante cinco minutos te conviertes en un niño y miras a los adultos, te darás cuenta de lo mal que estamos haciendo las cosas y de lo locos que estamos todos», comenta.Mika encuentra en su abuelo Tadeo una relación que sostiene buena parte de 'Casa'. «Creo que es la relación nieta-abuelo que a todos les habría gustado tener», dice.
Ella es «toda curiosidad» y él, «un abuelo de campo, hosco», que poco a poco se va reconociendo como un hombre vulnerable y tierno. « Es una relación que suma constantemente , sobre todo a medida que pasa el tiempo.
Y es muy difícil encontrar relaciones que sólo sumen», aclara.El escritor recuerda en este punto 'La sonrisa etrusca' , de José Luis Sampedro , una novela que le dejó una profunda huella. «Me marcó mucho.
Cuando la leí, me quedé loco con el abuelo y la niña».
Aunque se trata de historias distintas, reconoce una raíz común en «esa intimidad tan limpia» entre ambas generaciones: «Es una confianza plena, es cariño absoluto y es, en realidad, una relación de amor».
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