A Lorca le está dando mucha rabia veros desde el Cielo
A Lorca le está dando mucha rabia e impotencia ver desde el Cielo a la izquierda utilizando su muerte como propaganda de causas en las que él no creía.
Lorca fue homosexual pero nunca usó su condición sexual como bandera de nada ni mucho menos contra nadie.
Lorca no levanta su voz contra «el niño que escribe nombre de niña en la almohada» pero le causaba un gran rechazo el afectado exhibicionismo en este sentido. «¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!».A Lorca le repugnaba el carril central, la corrección política y la cancelación del que piensa distinto, y el porqué está muy bien explicado en su obra teatral 'El público'.
A Lorca le hubiera horrorizado que dos de sus mejores directores, Lluís Pasqual y Joan Ollé, fueran sometidos a un linchamiento atroz por las denuncias de abuso de unas mujeres que, una vez provocado el escándalo mediático, no acudieron a la Justicia para sostenerlas.
A Lluís Pasqual lo acogió Antonio Banderas como director del teatro Soho de Málaga, que inauguró con un soberbio Romancero gitano.
Joan Ollé nunca pudo superar el impacto.
Murió de un infarto.Es imposible entender la vida y la obra de Federico García Lorca sin Dios.
Es imposible pensar en Lorca como un ateo, o como un laicista.
Su idea de la maternidad, tan central, tan profunda no parece compatible con estas madres banales para las que tener tiempo para ellas significa no estar con sus hijos.
Lorca detestaría esta última horterada de que lo saquen ahora a pasear por Madrid los que no saben cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre, ni que la noche es interminable cuando se apoya en los enfermos, ni que la Tierra da sus frutos para todos.El cadáver de Lorca no se ha exhumado porque sus familiares prefieren evitar el peregrinaje de los que sólo están interesados en vampirizar su muerte.
En una demostración de serenidad y madurez han dicho que alterar los enterramientos no cambia la Historia.
A Lorca, hoy, le daría mucha vergüenza verse como señuelo de la confrontación estéril en su país, que tanto esfuerzo hizo por reconciliarse tras la Guerra Civil.
A Lorca le dolería tanto el cartucho de escopeta que le mató como el segundo cartucho de resentimiento e ignorancia que la izquierda guardó en la recámara para asesinar su memoria, cada día un poco, en estos últimos noventa años.
Lorca fue poeta, y si fue símbolo de algo, lo fue de su poesía.
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