Sánchez arma un ejército de fieles para resistir desde el Congreso tras el 29-N
Todo lleva a 2016.
En el PSOE y en Pedro Sánchez existe una herida abierta sobre la gestión y consecuencias de la abstención del partido para que gobernara Mariano Rajoy.
Este movimiento desembocó en la abrupta salida del entonces secretario general socialista hacia una travesía en el desierto que culminó con la recuperación de las riendas de Ferraz en su batalla contra el aparato.
Desde que Sánchez volvió al poder acometió una serie de sucesivas reformas estatutarias para ir reforzando su posición y dificultando el éxito de una rebelión interna como la que forzó su dimisión hace ya una década.
Las expectativas para el 29 de noviembre no son halagüeñas.
Aunque desde los altavoces oficiales del partido y del Gobierno se intenta proyectar la sensación de que «hay partido», lo cierto es que, en el mejor de los escenarios que barajan, el PSOE podría llegar a ganar —si la pujanza de Vox debilita lo suficiente al PP—, pero nunca conseguiría gobernar por la incomparecencia de un socio potente a su izquierda con el que reeditar el Ejecutivo.
Con esta previsión, en la sala de máquinas socialista han diseñado una estrategia de 'bunkerización' que pasa por un blindaje de Sánchez y su núcleo duro en las candidaturas a las Cortes.
El presidente arma un ejército de fieles para resistir desde la oposición tras las elecciones, a la espera de que el resultado de las urnas permita terminar de definir el modelo.Por el momento, la táctica se limita a un diseño de las listas, en el Congreso y en el Senado, que permita el control de los grupos en las dos Cámaras con perfiles afines en la próxima legislatura.
El dibujo del cartel electoral se había realizado de forma, más o menos, pacífica hasta que la dimisión de la lista en pleno por Palencia puso de relieve los movimientos internos para colocar a las personas de confianza de Sánchez.
Aunque para ello haya que contravenir el criterio soberano de la militancia.
La alcaldesa palentina, Miriam de Andrés, se ha convertido en uno de los activos más contestatarios a la dirección en la última etapa, exigiendo autocrítica en las derrotas electorales ante un partido silente, y posicionándose contra algunas de las decisiones de la dirección.
La última, esta. «Palencia ha debatido, ha participado hasta la extenuación.
Y vosotros por quinta vez os habéis pasado la voz de la militancia por el forro.
Viva la democracia interna!», escribió en su cuenta de X, acompañado de un vídeo de Sánchez —de nuevo en 2016— en el que defendía la importancia de dar voz a las bases.
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