Bargas acompaña a su Cristo de la Sala en una multitudinaria procesión entre tomillo y mantones
Bargas estaba en la calle mucho antes de que saliera su Cristo.
En los alrededores de la iglesia de San Esteban Protomártir apenas quedaba sitio mientras el olor del tomillo esparcido sobre el suelo se mezclaba con el ir y venir de mantones, pañuelos, bandas de música y familias enteras esperando el comienzo de una noche que cada tercer domingo de septiembre transforma este municipio sagreño, próximo a la capital regional.Fuera de aquel itinerario, la imagen era casi la contraria.
Calles prácticamente vacías.
Los bargueños estaban procesionando o habían buscado un lugar desde el que ver pasar al Santísimo Cristo de la Sala.
Con ellos, cientos de personas llegadas desde pueblos próximos, Toledo y otros lugares se sumaban a una celebración declarada Fiesta de Interés Turístico Regional.La comitiva comenzó a andar y enseguida dejó una medida bastante gráfica de su tamaño.
Era tan larga que su cabeza prácticamente estaba ya regresando a la iglesia mientras el Cristo todavía esperaba para cruzar la puerta del templo.Entre quienes caminaban sobresalían miles de bargueñas.
Casi todas habían recuperado para la ocasión el traje tradicional y con él los mantones de Manila, arracadas y aderezos que en muchas familias han ido pasando de una generación a otra.
También la inmensa mayoría de los hombres vestía a la antigua usanza, con blusón de rayas azules, pantalón de pana 'de mandilillo' y el pañuelo de hierbas anudado al cuello.Entre las largas filas también llamaban la atención quienes habían decidido hacer el recorrido descalzos.
Muchos hombres y mujeres caminaban sobre el tomillo sin zapatos ni alpargatas, una muestra de la profunda devoción con la que Bargas acompaña a su Cristo.Tras la multitudinaria comitiva, que contrasta con las procesiones que solemos ver en Toledo- la carroza apareció profusamente engalanada con flores en las que predominaban los tonos rojos y con los dos ángeles que acompañan a la imagen.
A su lado desfilaba el piquete de la Guardia Civil custodiando la imagen del Cristo de la Sala.
La talla que contemplaban los bargueños no es aquella primitiva imagen del siglo XVII, destruida durante la Guerra Civil, sino la realizada a mediados del siglo pasado.
La devoción, sin embargo, sobrevivió a aquella pérdida.Bargas volvió a demostrar una vez más su devoción por el Cristo de la Sala.
F.F.También sobrevivió el nombre.
Antes fue conocido como Cristo de la Sangre, pero acabó siendo para Bargas el Cristo de la Sala, una denominación nacida del lugar donde antiguamente se veneraba la imagen, en una estancia o 'sala' vinculada a la asistencia de enfermos y necesitados.Mientras la carroza avanzaba lentamente, la campana de la iglesia repicaba una y otra vez .
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