Todo a la vez en todas artes
Las tardes de sábado aquí están hechas para alternar.
La comida con la cena, la cerveza con la copa larga, las gafas de sol con las de ver, la bicicleta con el paseíto y, por qué no, la guitarra flamenca con la orquesta sinfónica.
Eso es lo que propone José Manuel Cañizares en su cita con la Bienal al darse la mano con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.
El laureado guitarrista de Sabadell, Premio Nacional de guitarra flamenca y Premio Nacional de la música como intérprete, forma tándem con el conjunto orquestal sevillano, a los mandos de Santiago Serrate, para acometer un especial choque entre universos, una simbiosis única que marca uno de los hitos de este festival que convierte a Sevilla en la meca de lo jondo.La calle Santander la recorren coches de caballos, por el Paseo Colón circula el autobús del Fútbol Club Barcelona, el sol regala un atardecer de postal que se refleja sobre el río, un chaval se viste de tuno en un coche aparcado.
Como siempre ocurre en los cielos tangibles, en este precioso artefacto de piedra que reparte sus latidos, sucede todo a la vez en todas partes.
En el recibidor del Teatro Maestranza los espectadores apuran para tomarse algo en el ambigú.
Dentro se respira pulcritud.
Calientan sobre el escenario los músicos posando los arcos sobre los violines.
El sonido de la afinación de todos los instrumentos al unísono tiene algo de preparación para la guerra.
Tras un silencio de grillos y la advertencia por megafonía de que no se puede grabar aparecen en escena juntos Serrate y Cañizares.
El guitarrista lleva un traje negro eclipsado por un pañuelo rojo carmín, a juego con su corbata.
En el centro está el hombre de la batuta sobre su estrado.
A su lado, de cara a las butacas, Cañizares.
Y a su espalda, la ROSS.
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