Inteligencia corpórea
Creo que es en 'Pretty Woman', en una de las secuencias en las que Vivian va de compras a Rodeo Drive.
Hay un plano recurso –apenas unos segundos– en el que pasa un descapotable de lujo con un hombre hablando por un enorme teléfono móvil y en el asiento del copiloto, un niño le imita con uno de juguete.
En los 90, antes de ayer, tener teléfono móvil era el mayor signo de ostentación al que cualquiera podía aspirar.
Únicamente al alcance de los más pudientes en Estados Unidos.
Cuando empezaron a llegar a España nos lo tomamos a broma.
Era un lujo innecesario.
Nadie tenía tanta urgencia por hacer una llamada.
Se esperaba a llegar a casa.
Los primeros en empezar a alardear de móvil fueron los 'yuppies' de la época, con sus trajes de enormes hombreras, el pelo engominado y sus gafas de sol.
Usted, como yo, los pusimos a parir.
Ni les cuento la cantidad de cuplés que les cayeron en el Carnaval de Cádiz.
El denostado Juan Carlos Aragón los ponía como los trapos: «Tenía un Pentium ciento sesentaisai, un BMW negro y un mobiline…».
Tener un móvil era una rareza.
Un trasto.
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