Tragedia y renacer de las vajillas de La Cartuja: “Es la primera vez que oía a un empresario decir que quería ampliar la plantilla”
En la pared hay una estantería con una vieja radio, un peso de charcutería y un calendario con una imagen religiosa.
Sobre la encimera, una lámpara ilumina varios platos y un tirador de cerveza Cruzcampo, todo de loza color crema y curvas a la antigua.
Su diseño, color y estampación indican a las claras sus sevillanas maneras y su denominación de origen: la mítica fábrica de vajillas La Cartuja de Sevilla, íntimamente ligada a la historia de ciudad.
Hace un año esta empresa andaba con respiración asistida en pleno proceso concursal, pero la llegada de nuevos propietarios ha insuflado oxígeno.
Tanto, que los encargos se acumulan.
Entre ellos, los 270 grifos cerveceros que, como el que guarda el laboratorio de calidad de la compañía donde las piezas afrontan un riguroso examen, pronto llegarán a los bares para recordar que la firma fundada en 1841 está más viva que nunca.
Y olé.
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