La construcción asturiana, Patrimonio de la Humanidad, más significativa del arte prerrománico europeo
En la falda sur del monte Naranco , a cuatro kilómetros de la ciudad de Oviedo, naturaleza, historia y arte se dan la mano desde hace siglos.
Símbolo de la grandeza del prerrománico y todo un referente de este arte en Europa, este edificio, que pertenece al conjunto Monumentos de Oviedo y del Reino de Asturias incluido por la Unesco en la lista de Patrimonio de la Humanidad en 1985, es uno de esos lugares en los que el visitante puede viajar al pasado con tan solo tocar sus muros.
Tal y como avalan recientes hallazgos arqueológicos, Santa María del Naranco no se proyectó originalmente solo como una iglesia, sino como un edificio de uso religioso y civil para acoger la sepultura del rey Ramiro I.
Este fue levantado en el año 842 con un estilo artístico conocido como 'ramirense', dentro del prerrománico asturiano, sin saber la notoriedad que adquiriría tiempo después.
Fue a partir del siglo XII cuando empezó a funcionar como templo.
La denominación con la dedicación a Santa María deriva de la inscripción del altar que fue recuperado entre la mampostería del retablo – altar existente en el mirador oriental, levantado en el año 848.La construcción está elevada sobre un zócalo de piedra , característica que le da un sentido vertical que se ve reforzado con los contrafuertes estriados que llegan hasta el tejado.
De planta rectangular, este se divide en dos plantas conectadas por una escalera exterior.
La inferior o cripta es cerrada y está totalmente abovedada y reforzada con arcos fajones.
Esta se asemeja a la de Santa Leocadia, en la Cámara Santa.
Este es uno de los edificios más interesantes del norte español Turismo Asturias - Juan de TuryLa superior es una estancia simple y diáfana con miradores a ambos lados y ventanas ajimezadas que simulan otro piso en una de sus caras.
Dicho piso muestra una riqueza decorativa escultórica digna de mención por su coherencia estilística.
Así, se ven cuatro series de capiteles, sobre fustes helicoidales, 32 medallones empotrados en las enjutas de los arcos de los paramentos interiores y exteriores, 16 placas rectangulares situadas en los lados mayores del interior de la sala central y cruces esculpidas en los lados menores.
En el interior destacan los relieves escultóricos que representan figuras de animales, criaturas fantásticas y símbolos cristianos como las cruces con el Alfa y el Omega.
Los patrones geométricos y los motivos vegetales son comunes en la decoración.
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