Anna Tarrés: "Me siento más pez en el agua en la piscina que haciendo política"
"¿Perdona? ¿Estáis seguros? Yo sé hacer coreografías de sincro y ganar medallas, pero esto de la política...". Esta fue la primera reacción de Anna Tarrés (Barcelona, 1967) cuando recibió la llamada del equipo de Carles Puigdemont en la que se le propuso formar parte de la candidatura para las elecciones de diciembre de 2017. Antes de hacer un "cambio radical" en su vida y pasar de la piscina al hemiciclo, pidió hablar directamente con el expresident. Y le dijo que sí. Estaba acostumbrada a hacer de "embajadora" de Catalunya y de su lengua por el mundo, pero aún recuerda la impresión que sintió el primer día en que se subió al atril de la Cámara catalana.
Tarrés define su paso por las instituciones como un " honor ": "Para alguien que ha luchado toda su vida para que un deporte minoritario tuviera su espacio en el mundo del deporte de élite, fue una oportunidad ver cómo se crea un país desde dentro", indica. Se siente orgullosa de haber podido conocer el proceso de elaboración de las normas y de haber participado en la redacción de una nueva ley del deporte, aunque el abrupto final de la legislatura impidió su aprobación definitiva.
No obstante, reconoce no haberse sentido del todo cómoda en el escaño : "Me siento más pez en el agua en la piscina que haciendo política", admite. Continúa militando en Junts y mantiene el interés por este ámbito, al que no descarta regresar en algún momento, pero con otro tipo de papel. Sin embargo, considera que su lugar es cerca del agua. "No me fui ni de malas maneras ni asqueada, no tiene nada que ver con eso. Simplemente, entré por convicción, por responsabilidad y por honor de país; y me fui por vocación hacia el deporte".
Fue en la piscina del Club Natació Kallípolis , en el complejo deportivo de Can Carelleu, donde empezó su carrera deportiva en la natación sincronizada . Primero como nadadora y, después, como entrenadora. Tarrés sabe lo que es estar en la cima, y también caer. Con ella como seleccionadora, España logró subir al podio olímpico y volver de los Juegos de Pekín (2008) y Londres (2012) con medallas de plata y bronce colgadas del cuello. Pero ello no impidió que fuera destituida de manera fulminante tras una carta de 15 nadadoras que se quejaban de sus exigentes métodos.
"Fue u n movimiento político orquestado por la Federación porque molestaba, por ser catalana, mujer y encararme al poder", relata 14 años después. Más que con acritud, recuerda este capítulo con la sonrisa de quien se siente victorioso. La polémica le dio una popularidad que hasta entonces no tenía -haciendo bueno aquello de que hablen de ti, aunque hablen mal-, y consiguió que la Justicia obligara a la Federación a indemnizarla con 400.000 euros por despido improcedente: "Si querían matarme, yo resucito como el ave Fénix".
Reconoce que su método de entrenamiento era y es "exigente", pero alega que era "público" y que nunca se "escondió". Además, tiene claro que el deporte de alto rendimiento no es apto para todos los públicos: "Del mismo modo que no todo el mundo puede ser president de la Generalitat, no todo el mundo puede ser medallista en unos Juegos Olímpicos", opina.
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