No ensuciar España
España vive una progresiva pérdida de conciencia del proyecto común.
Ceuta nos lo recuerda con especial claridad.
No es una periferia que debamos recordar sólo cuando aparecen las dificultades.
Ceuta es España, y afirmarlo no significa negar su adversidad, sino asumirlo.
Pero existe una pérdida quizá más preocupante: la de valores que debieran estar por encima de cualquier ideología.
La palabra dada, el respeto, la responsabilidad, el mérito, la educación y la verdad no pertenecen a la izquierda ni a la derecha.
Pertenecen a la ética.Tal vez no necesitemos inventar un nuevo orden, sino no ensuciar lo que todavía merece ser conservado.
No ensuciar la política convirtiendo al adversario en enemigo, la economía confundiendo prosperidad con lucro personal sin responsabilidad alguna, la cultura poniéndola al servicio de intereses partidistas, y España convirtiendo su nombre en patrimonio de unos o motivo de incomodidad para otros.Una nación puede sobrevivir a malos gobiernos, crisis profundas y profundas discrepancias.
Lo que difícilmente puede soportar es acostumbrarse a que todo dé igual.
Porque entonces, aun conservando sus instituciones y su bandera, habrá comenzado a perder el respeto por sí mismo.
José Ignacio Migoya Calvo Sotelo.
BilbaoFilósofos con la IALas principales empresas dedicadas al desarrollo de inteligencia artificial están incorporando a filósofos, en parte porque muchos de los desafíos que plantea esta tecnología van mucho más allá de la cuestión técnica.
Ante problemas nuevos y difíciles de abordar, resulta necesario analizarlos con sentido crítico, definir con claridad las ideas, detectar los supuestos que hay detrás de cada planteamiento, elaborar razonamientos sólidos y valorar sus consecuencias.
Cuanto mayor es la capacidad de la tecnología para proporcionar respuestas, mayor es también la necesidad de una disciplina que, durante siglos, nos ha enseñado a cuestionar, razonar y pensar críticamente.
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