Crisis y riesgo de abandonos en un cultivo 'cortafuegos natural' ante los incendios
Tiene hojas gruesas y consistentes como el cuero, que retienen mucha humedad, además de una corteza más impenetrable que otros árboles como los pinos.
Y por estas características y otras, los algarrobos funcionan como 'cortafuegos natural' que frena a los incendios.
Desafortunadamente, su cultivo ha entrado en crisis y hay riesgo de abandonos por la competencia de variedades foráneas para sustituirlo.«Ya es época de algarrobas: los agricultores empiezan a recolectar este fruto seco, emblemático de tierras mediterráneas, en una nueva campaña que se presenta decisiva para el futuro del cultivo», describen desde la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja).Aunque esta organización pone el foco en el impacto económico para los profesionales del sector, recuerdan también ese papel ecológico y de protección frente al fuego, tan tristemente de actualidad este verano en la Comunidad Valenciana, en concreto, en Castellón. «Si no hay rentabilidad, muchas algarrobas no se recolectarán y muchos algarrobos se abandonarán, pasando de ser un cultivo adaptado al clima mediterráneo que actúa como cortafuegos natural, a agravar los incendios, la erosión y la desertificación. ¿Es eso lo que queremos?», señalan.En efecto, a diferencia de los pinos o los eucaliptos, los algarrobos no producen aceites esenciales ni resinas volátiles que aviven y aceleren la combustión, además de no acumular bajo su copa la maleza u hojarasca seca altamente inflamable.
Y tampoco proporcionan 'gasolina' al fuego por el suelo, porque su sombra densa impide que crezcan pastos altos y matorrales secos debajo de sus ramas durante el verano.Un 'boom' en el mercado con perosParadójicamente, el interés en el mercado por esta legumbre se vislumbra creciente, pero con la amenaza de que se abastezca desde otros países.
AVA-Asaja «pide a la industria alimentaria -así como a la farmacéutica, cosmética y de otros ámbitos que están encontrando nuevas aplicaciones a esta materia prima- que otorguen preferencia a la compra de algarroba, en lugar de optar por alternativas foráneas de peor calidad y menos sostenibles medioambientalmente».Sólo así se podrá garantizar a los productores unos precios dignos que, al menos, permitan cubrir los costes de producción y «mantener cuidadas las explotaciones en la lucha contra los incendios», subrayan.Después del 'boom' del garrofín -la semilla de la algarroba que acapara los crecientes usos comerciales- que llegó a superar los dos euros por kilo a pie de campo, las cotizaciones se hundieron en torno a los 0,40 €/kg durante las últimas campañas.
Los productos que usan el garrofín y otras partes de la algarroba (tanto para personas como animales) han subido mucho de precio, pero ello no se ha visto reflejado en las cotizaciones que perciben los agricultores.
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