Gregorio Ordóñez regresa a Madrid a través de su memoria: «Su vida la eligió él, su muerte se la impusieron unos cobardes»
Hay legados que exigen ser tocados para no desvanecerse.
Con esa premisa, la vida y la memoria del político vasco asesinado por ETA en 1995, Gregorio Ordóñez , ha regresado este jueves a Madrid.
Lo ha hecho a través de sus objetos más íntimos en la exposición 'Gregorio Ordóñez.
La vida posible', inaugurada en el Centro Cultural Eduardo Úrculo del distrito de Tetuán gracias al impulso del Ayuntamiento de Madrid y de la Fundación FAES, entidad que en 2024 firmó un acuerdo con el Instituto Gregorio Ordóñez para preservar y difundir su memoria.La encargada de abrir la muestra, que podrá visitarse hasta el próximo 11 de diciembre, ha sido su viuda y presidenta de la Fundación Gregorio Ordóñez, Ana Iríbar.
Arropada por compañeros, amigos y figuras políticas que compartieron trinchera en los años de plomo -como el exministro del Interior Jaime Mayor Oreja-, Iríbar ha planteado la exposición como un reencuentro. «La vida de Gregorio está ligada a San Sebastián, por eso hemos querido traer aquí una parte de la ciudad a Madrid, a una ciudad a la que los vascos le debemos mucho por acogernos», ha relatado.Para Iríbar, la exposición permite «recuperar a Gregorio a través de sus elementos», mostrando desde sus notas de calificaciones escolares -siempre sobresalientes, ha recordado- hasta su carné de afiliado a Alianza Popular, pasando por las fotografías de las pintadas amenazantes en la puerta de su casa. «Todo está aquí: su fortaleza, sus convicciones, su inquebrantable decisión de entrar en política», explica.La viuda del concejal ha recordado la hostilidad que rodeaba al Partido Popular en el País Vasco durante los años 80.
En aquel clima asfixiante, Ordóñez despuntaba por su eficacia y su cercanía ciudadana, hasta el punto de que, como ha rememorado Iríbar con una sonrisa, algunos vecinos decían de él: «Es más español que un botijo, pero resuelve».
Era, en palabras de su viuda, de los pocos capaces de alzar la voz para decir lo que muchos pensaban en silencio.Pero el dolor para Iríbar no terminó con el atentado.
La presidenta de la asociación creada en nombre del concejal ha denunciado que «no fue fácil ser víctima de ETA en el País Vasco: la sociedad te exigía que perdonaras y después olvidaras».
Una intervención marcada en el recuerdo de la figura de Ordóñez que ha concluido con una petición a las nuevas generaciones que hoy lideran los partidos políticos: «No olvidéis».Vicente de la Quintana, coordinador de la Fundación FAES, ha recordado recordado también que «la muerte de Gregorio, como la de todas las víctimas, tiene un significado político».
El concejal fue asesinado -ha relatado- por defender la libertad de frente y por optar por la verdad. «Su vida la eligió él; su muerte se la impusieron otros, unos cobardes», ha denunciado.
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