Byron Cadmen, cura: «Conocía a alguien. No era algo muy formal, pero entre los dos sabíamos que no éramos solamente amigos»
El ser humano experimenta muchas formas de amor a lo largo de su vida.
Puede disfrutar del cariño de sus padres, sus hermanos, los amigos, su pareja e, incluso, de personas completamente ajenas que se encuentran en el camino.
Otra forma que mucha gente añade a esta lista es el amor de Dios.
Los cristianos, que son cerca de 2.640 millones de personas en todo el mundo, creen que Dios es la fuente del amor.
Uno de ellos es Byron Cadmen , un sacerdote religioso de 35 años de la comunidad de Comunio Santorum.El Padre Byron, que así le conocen en su parroquia en Ecuador, ha experimentado el amor humano y el amor divino.
Su madre, su padre, su antigua novia y sus amigos le enseñaron a querer de forma gratuita y generosa, cada uno a su medida.
A los 16 años, se encontró con Dios y poco tiempo después dejó a su familia y a su chica para apostar por el amor pleno que se le ofrecía en el seminario.Han leído bien.
El joven ecuatoriano dejó a su novia para entrar en el seminario y hacerse sacerdote.
Él mismo cuenta esta experiencia en el podcast ' Se buscan rebeldes ', publicado recientemente y que está generando repercusión por su claro mensaje sobre la confianza en Dios.
La novia 'china' del Padre ByronCuenta que a los 16 años se convirtió en un retiro espiritual y comenzó a tener una vida de oración y parroquia. «En ese tiempo voy a una peregrinación.
Ahí conocí en este ambiente a alguien.
No era algo muy formal, pero entre los dos sabíamos que no éramos solamente amigos».Conoció a la que sería su última novia antes de entrar al seminario.
No quiere revelar su nombre, por ptoteger su privacidad y la de ella, aunque sí revela que la llama 'la china'.Byron rezaba con frecuencia y, hasta entonces, no había visto que Dios le quisera como sacerdote. «Si Dios no me dice nada, pues lo normal que yo pensaba es estar con ella y continuar».
Salieron un tiempo y poco a poco su relación se consolidaba: «Teníamos un tiempo ya bonito de relación personal y muy cercano».La llamada de Dios, la visión clara de que su vocación era el sacerdocio, trastocó los planes de aquellos novios. «Me despierto un día y cuando abro mis ojos tenía la absoluta certeza de que Dios me quería como sacerdote.
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