No pienses solo en IA: la tecnología más subestimada de la década te puede hacer también muy feliz
Corría el fatídico año del señor de 2020 y cada uno trataba de sobrellevar el confinamiento por la pandemia como buenamente podía.
A algunos les dio por hacer pan de masa madre.
Yo me compré una impresora 3D con el noble propósito de arreglar una lámpara de casa que me traía de cabeza.
Han pasado seis años desde aquel momento y poco podía saber yo que iba a terminar con nueve impresoras 3D en casa y dedicándome profesionalmente a diseñar piezas a medida.
La mayor parte de la gente percibe la impresión 3D como una actividad lúdica, y es cierto que esa es probablemente la vertiente más común.
Instagram está lleno de individuos imprimiendo figuras articuladas de dragones, juguetes sencillos, jarrones, maceteros o bustos de su superhéroe favorito.
Todo eso es perfectamente posible, pero ¿qué ocurre si queremos imprimir algo más práctico? ¿Se pueden imprimir accesorios de cocina? ¿Sistemas para organizar cajones? ¿Puedo hacer piezas para sustituir otras que se han roto? ¿Imprimir componentes resistentes? ¿Se puede montar un negocio online alrededor de la impresión 3D ? Ya te adelanto que la respuesta es sí , y lo sé porque he hecho todo eso y alguna cosa más, pero en el camino existen no pocos matices y peros. ¿Y si la inteligencia artificial no acaba con nosotros? Bienvenidos a la Hoguera de las Vanidades Ana Julia García En mi adolescencia la “Hoguera de las Vanidades” fue primero una película de Tom Hanks y luego una novela de Tom Wolfe.
Me temo que el La impresión 3D se popularizó (quizás por encima de sus posibilidades) hace 10-15 años.
Vivió su boom sobre todo entre 2010 y 2015, cuando parecía que iba a ser el próximo gran aparato electrónico que todos íbamos a tener en casa .
Eso no fue así, y vino el desengaño.
Pero un desengaño injusto: la impresión 3D sigue siendo una tecnología muy potente y versátil que te va a ayudar en múltiples proyectos.
El problema es que ha vivido rodeada de mitos y leyendas que ahora vamos a intentar desmontar.
El primer gran mito es precisamente que solo sirve para fabricar juguetes de plástico frágiles y de aspecto más bien cutre.
La pieza que tengo sobre la mesa para reparar el aire acondicionado de un coche se ríe bajito de esa afirmación.
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